Diez años, un decálogo (y un regalo)

Hace exactamente 12 años me tomé un año sabático impulsado fundamentalmente por la palanca del dolor: no soportaba más las ineptitudes -propias y ajenas- del mundo empresarial, en especial las relacionadas con la gestión de personas.

El objetivo que me marqué para ese año, grabar un disco solista de piano, lo logré a los 6 meses y “Pianista de Barrio” fue editado en julio de 2007 en Uruguay y Argentina. En septiembre lo presenté a través de un par de conciertos y en octubre estaba en China trabajando para mis amigos de Farolatino, tomando (más) consciencia de que aunque el mundo sea muy grande y diverso, los recursos, los motivadores así como las barreras y las carencias del ser humano son las mismas, aquí y en la China, nunca mejor dicho.

Intuyendo que la vía del Coaching sería idónea para ayudar en mi propia transformación y posiblemente a aportar valor a los demás, comencé a formarme, capacitarme y desarrollar una nueva carrera profesional.

En este 2018 se completaron los 10 -primeros- años de esa carrera, en la cual he ejercido diferentes roles relacionados con el trabajo con personas:

Consultor en Assessment y Development Centers. Cerca de 50 Centros realizados entre los años 2008 y 2014.

Consultor en procesos de Outplacement. Más de 200 candidatos en programas individuales y colectivos, entre los años 2010 y 2016.

Coach certificado (ACC desde 2011, PCC desde 2015). Unas 2100 horas certificadas en procesos individuales (ejecutivos y particulares) y de equipos.

Supervisor en procesos de Coaching. Más de 70 personas supervisadas en formaciones de Coaching Fundamental y Coaching de Equipos, desde el año 2015.

Facilitador: Varios miles de horas.. solo en el 2018 he dado 430 horas efectivas en forma presencial, a través de formaciones, talleres y workshops.

En definitiva, en estos diez años he trabajado para más de 60 compañías y organizaciones de casi todos los sectores, incluido el Sector Público, a través de las empresas consultoras con las que colaboro y a las que estoy infinitamente agradecido (*).

Si tuviera que destilar algunos de los aprendizajes más importantes recogidos, por supuesto no solo en estos diez años, aunque sí constatados casi a diario en cada trabajo de esta etapa profesional, serían los siguientes, a modo de decálogo entrelazado:

1. Lo único que los animales humanos podemos verdaderamente elegir es la actitud. Aún en las peores circunstancias. Lo cual no quiere decir que sea fácil, pero sí posible, siempre. Nuestra capacidad -o incapacidad- para hacer frente a toda situación viene determinada fundamentalmente por la actitud que adoptemos. Como dijera Zig Ziglar, “tu actitud, no tu aptitud, es lo que determinará tu altitud”. A mi me gusta decir que la actitud es como el perfume: uno elige qué colonia se pone. Y al igual que el perfume, la actitud se “huele”, así como también se puede perder con el paso de las horas.. por eso es necesario renovarla.

2. Lo importante no es el qué sino el cómo. La manera de hacer las cosas determina en buena medida el impacto que logramos. Lo vivimos todos los días en lo que decimos y hacemos y en lo que nos dicen y hacen. El cómo es lo que deja la huella. Algo especialmente importante en este siglo XXI, donde el acceso a la información, a la tecnología y al conocimiento no es un diferencial, el qué ya no es difícil de conseguir. De allí que preocupe más que nunca lo que vive y siente el consumidor o el empleado, esto es, Customer y Employee Experience. Los ‘momentos de la verdad’ dependen del cómo, no tanto del qué. Lo dicen las mediciones: cuando una azafata te dice “pollo o pasta” mirándote a los ojos y con una sonrisa, la comida es percibida como mejor y más rica que cuando te chilla, no te mira y te lanza la bandeja. Y se trata de la misma comida.

3. En los equipos, lo anterior se traduce en un concepto: sinergia, esto es, cuando uno más uno da un resultado mayor a dos. La sinergia es una propiedad que solo se puede dar cuando hay interacción. La clave para que el resultado que logre un equipo sea mayor o mejor que si hubiesen actuado individualmente está en cómo se relacionen. Una idea brillante trabajada por un equipo mediocre, muy probablemente genere un resultado mediocre, sin embargo una idea mediocre trabajada por un equipo de alto rendimiento (alta sinergia), seguramente resulte en un producto brillante.

4. El espacio donde se produce la generación de sinergia es la relación. Debemos poner foco de atención en la relación, en lo que hay en el ‘entre’, ese hilo invisible que nos une con los demás, y que tiene rasgos y características propias. Cada relación es diferente y cada relación necesita algo diferente. Dos tipos de preguntas pueden ayudarnos a transformar la mirada y enfocar hacia la relación: en primer lugar, ¿cómo es/qué características tiene/qué elementos componen esa relación?; en segundo término, ¿qué está necesitando/qué está faltando/qué está pidiendo esa relación?

Esto nos permitirá por un lado ampliar consciencia sobre lo que está sucediendo y por otro incrementar nuestra libertad de elección. Poner el foco de atención sobre la relación –sobre el interfase- y no en la otra persona que esté ‘al otro lado’ de esa relación, hace que se despersonalice, se des-etiquete y sea más efectiva la gestión de esa relación.

5. El vehículo de la relación es la comunicación. La vida es comunicación, es conversación, con los demás (y con uno mismo). Por ello es trascendental comunicarse de forma efectiva, esto es, lograr el objetivo o el propósito que se quiere alcanzar con esa comunicación, generar el efecto deseado. Una estructura muy simple pero efectiva es la siguiente:

i) Hechos. En una conversación lo más sólido -y objetivo- son los datos, cifras y descripciones. Las casas se comienzan por los cimientos: construye desde los hechos.

ii) Sentimientos. Compartir lo que los hechos descritos en el paso anterior hacen sentir, amplía la información al interlocutor, favorece la comprensión y aunque sea subjetivo, no puede ser discutido: es lo que tú sientes.

iii) Interpretación. Recién ahora será el momento de manifestar lo que se entiende, las relaciones de causa-efecto, los juicios de valor. Si bien es el componente más subjetivo de la conversación, habrá llegado en todo caso después de exponer los hechos y los sentimientos que producen esos hechos.

iv) Acciones – Próximos pasos. La conversación necesita concluir en algo concreto y claro, que puede ser incluso una petición. Si esas acciones se logran co-crear con el interlocutor, tendrán más fuerza y probabilidad de ser llevadas adelante.

La efectividad de esta estructura radica en su simplicidad -4 pasos, en ese orden- y que una vez interiorizada sirve de brújula o mapa en una conversación.

6. Dos palabras clave para venderte: Valor Diferencial.

i) Valor: Quien te “compre”, lo hará si es capaz de percibir que el valor que aportas es mayor que el precio o salario que te va a pagar. Por lo que tus responsabilidades serán al menos dos: saber cuál es ese valor y saberlo transmitir para que sea percibido adecuadamente.

ii) Diferencial: Es la respuesta a la pregunta ¿por qué a ti y no a otro? En un mundo cada vez más hipercompetitivo y tendiente a la copia, si no sabes esa respuesta, tienes un buen reto por delante. Porque en todo caso, el día que seamos todos iguales, habrá que decidir iguales a quién.

7. La perseverancia es el único ingrediente común a cualquier historia de éxito, de consecución. Ni siquiera el talento, los conocimientos o los recursos se correlacionan tanto como la constancia a la hora de alcanzar una meta o generar un logro. Y en la base de esa actitud está la visión, la de avanzar hacia algo que es una mera posibilidad. Como dice Anxo Pérez: los que triunfan no lo hacen gracias a ponerse en marcha cuando tienen su motivación por las nubes, sino a hacerlo cuando la tienen por los suelos.

8. Hay dos palancas básicas que determinan lo que decimos y hacemos: la del dolor y la del placer, esto es, la de evitar la amenaza y la de la búsqueda de la recompensa. En otras palabras, la del miedo y la del amor. De las dos, la que genera mayor respuesta en el cerebro es la primera: simplemente por una cuestión de supervivencia. Y la energía que mueve en buena medida esas palancas es la que proviene de nuestras creencias, las que nos harán ‘jugar para no perder’ o ‘jugar para ganar’, respectivamente. Ser consciente de esas creencias, hacerlas aflorar y sobre todo cuestionarlas es fundamental para pasar de un tipo de juego a otro y evolucionar de la supervivencia al vivir en plenitud.

9. No te esfuerces tanto en aprender, sí en desaprender. El principal reto que tenemos los adultos no es poner nuestra capacidad de aprendizaje a prueba, sino en soltar hábitos, costumbres, ‘verdades absolutas’. Vencer esa fuerza tremenda llamada inercia. Para ello nos ayudará plantearnos la pregunta ¿a qué tenemos que renunciar para aprender?, a nivel personal pero sobre todo en el mundo empresarial y de las organizaciones, en donde las inercias en las formas y estilos de dirección conducen -demasiadas veces- a la desmotivación, la falta de cooperación, de valoración y por ende a la desilusión de las personas que las integran. Desapegarse es la clave.

Para crecer, lo que hay que aprender es a despedirse.

10. En consonancia con lo anterior, hay que decir más que NO. Paradójicamente, será la mejor forma de decir que SÍ: a otra cosa, a algo diferente, a lo que quieras priorizar, a lo que es más importante de verdad. Ser asertivo es una de las cuestiones que cuestan más y lamentablemente llegamos a esta conclusión después de haber dicho mucho que SÍ, poniendo por delante derechos y prioridades de otros, complaciendo objetivos ajenos. La mayoría de nuestros problemas viene por decir que SÍ muy rápido y por decir que NO muy tarde. Citando a Warren Buffet: “la diferencia entre las personas exitosas y las muy exitosas, es que las muy exitosas dicen ‘no’ a casi todo”.

Estos diez años han sido muy intensos y ricos en experiencias y aprendizajes, de todo color, sabor y aroma. Y por supuesto la música –y el piano- no han sido abandonados. Por el contrario, en los años que vengan estarán más presentes, integrando también mi propuesta profesional en el trabajo con las personas.

Esa es mi visión, que comparto y por la que voy a perseverar. Es a lo que digo SÍ.

De momento, les dejo un pequeño regalo: mi saludo para este 2019, con el deseo que sea un año pleno de transformaciones: la propia y las que acompañamos a que se realicen.

¡¡FELIZ 2019!!

(*) Ackermann International, Lukkap, Smart Culture y el IDDI de la Universidad Francisco de Vitoria

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5 Responses to “Diez años, un decálogo (y un regalo)”

  1. Pepe Moya dice:

    Muchísimas gracias querido Fernando!
    Gehisst por compartir tu sabiduría con tanta generosidad!
    Feliz 2019 para ti y los tuyos!

  2. Graciela dice:

    Muy buen articulo.

  3. Pierre dice:

    Muy bueno el decalogo y muy buena la música al piano. Me gusta mucho especialmente el último punto del decálogo el decir que No, algo que como dices nos cuesta mucho. Yo lo he puesto en práctica y me ha resultado, lo recomiendo!

  4. Laura dice:

    Me encnató la música Fernando! Mil gracias por compartirla. y muy de acuerdo con las reflexiones, sobre todo la de desaprender.. que importante.
    Un beso desde Uruguay

  5. Carla dice:

    Qué hermosa reflexión y qué no pare la música! Qué fluya cómo en esa composición y nos puedas regalar más de tí por muchos años más! Con aprecio y admiración Carla

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