Dile NO a la kakonomía

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Una de las primeras veces que entré en un estudio de grabación fue para hacer un jingle, música publicitaria, cuando aún se contrataba músicos para todos los instrumentos. Una vez realizadas las tomas nos reunimos en la sala de control para escucharlas. El baterista, que llevaba sus baquetas siempre en las manos, no dejaba de hacer ritmos, golpeándolas contra todo lo que tuviese delante, constantemente. El técnico de sonido, ya molesto, le pidió por favor que parase para poder escuchar mejor. La respuesta del batería (*) fue tan tajante como sorprendente: “cada segundo que pase sin que esté practicando, dejaré de ser mejor”.

No puedo decir que esa frase me haya marcado, pero para los oídos –y la cabeza- de un post-adolescente como yo en ese momento, logró hacerme reflexionar. Y hacer aflorar el dolor a todos los que estábamos en esa sala, acerca de las oportunidades perdidas para ser mejores músicos. Léase: estudiar poco.

La RAE define mediocre como “De calidad media / De poco mérito, tirando a malo.”

“Dejar de ser mejor”, conformarse con una “calidad media”, es una elección. Ser mediocre es por tanto una elección. Es no arriesgar, no intentar, es desaprovechar.

Conformarse con no ser mejor tiene a su vez una clara contrapartida: mantenerse en la Zona de Confort, aquella que representa todo a lo que estamos acostumbrados, habituados. Concepto muy gráfico y elocuente, porque de alguna forma simboliza los límites de ese estado mental en donde el acomodo es el dueño.

Nos encanta acomodarnos por una muy simple razón: no consume energía. Todo lo que represente sacar un pie fuera de lo habitual –y que significará tener opciones para crecer, aprender o mejorar- en general requerirá un esfuerzo, mental, físico o de ambos tipos.

La Zona de Confort actúa como un imán que nos atrae al ‘habituamiento’ y que nos lleva en consecuencia a la mediocridad, a no buscar ser mejores.

Esa inercia, que la vivimos a nivel personal, se da también a nivel social. Tal es así que ha sido bautizada: Kakonomía, concepto acuñado hace unos pocos años por los sociólogos italianos Gloria Origgi y Diego Gambetta. Kakonomía proviene del griego (κακός) y significa como lo que suena: “economía de lo malo”. (**)

Brevemente, en la kakonomía no se hace lo posible por buscar la excelencia, por obtener –y dar- lo mejor, sino todo lo contrario. Existe una aceptación mutua y en general tácita, de la mediocridad.

La kakonomía iría en contra de la racionalidad definida por la Ciencia Económica en donde exigimos siempre lo mejor y esperamos obtener el máximo, al menor coste posible.

Origgi y Gambetta sostienen –y demuestran- que a veces queremos dar menos y que el otro haga lo mismo en contrapartida: ‘acepto que incumplas tus compromisos porque quiero conservar la posibilidad de faltar a los míos sin sentirme culpable o quedar en evidencia’.

Los ejemplos de kakonomía son múltiples y en todos los ámbitos: “los constructores italianos nunca entregan en plazo, pero tampoco esperan que se les pague puntualmente” señalan los autores.

  • Los usuarios de aerolíneas low cost aceptan en su mayoría que se les ‘maltrate’ porque consideran que esa es la contrapartida a pagar poco por el billete.
  • En los procesos de selección, las empresas ya ni se molestan ni les preocupa comunicar nada siquiera a los que participan en las instancias finales, porque ya presuponen que los candidatos no esperan una comunicación en caso de no seguir en el proceso.
  • Todos conocemos casos en entornos laborales donde a alguien nuevo se le llama la atención porque hace demasiado o pretende hacerlo mejor/diferente y dejará en evidencia a los demás.

Quizá una de las expresiones más elocuente de kakonomía haya sido la manifestada por un presidente de Uruguay (***), en relación a los funcionarios públicos: “Ellos hacen como que trabajan y yo hago como que les pago”.

En lo que no hay duda es que la kakonomía conlleva a un círculo vicioso, a la ‘ley del mínimo esfuerzo’ y a un detrimento de la calidad y del valor esperado, de las relaciones y en definitiva, de la sociedad.

Si miramos a nuestro alrededor, veremos sin duda en diferentes ámbitos, ejemplos de cómo la kakonomía está instalada en la sociedad: aceptamos un sistema político cada vez más mediocre y los políticos aceptan por su parte que la gente no les aprecie, sin dar muestras ni hacer esfuerzos por ser mejores o tener altura de miras. Kakonomía.

Como siempre, hay una contracara. La buena noticia es que una sociedad cada vez más mediocre representa para los que no lo son o intentan no serlo una excelente oportunidad. No ser mediocre, en la sociedad actual, significa en buena medida algo tan sencillo como cuidar los detalles: responder un mail, cuidar las formas, dar las gracias. Pensar en el otro.

Como habitualmente, hago mi invitación. Hoy en día que escuchamos tantos ‘noes’, hay uno que resulta imperioso: dile NO a la kakonomía, porque como dijera el batería, cada segundo que dejes de hacerlo”, es una oportunidad perdida para convertirnos en una sociedad mejor.

(*) Se trata de Enrique Firpi, batería uruguayo radicado en Holanda desde 1987.

(**) Origgi y Gambetta: The LL game: The curious preference for low quality and its norms. El concepto rompe con la noción tradicional de la Ciencia Económica en donde los intercambios se hacen de forma racional y egoísta maximizando beneficios y minimizando costes, en otras palabras, esperamos que los otros den lo mejor de sí mismos, aunque nosotros no lo hagamos.

(***) Luis Alberto Lacalle, presidente de Uruguay entre 1990 y 1995.

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