La Comunicación Vital

Quizá hayas asistido a algún evento deportivo de niños: fútbol, baloncesto, hockey… Y muy probablemente hayas visto que el verdadero espectáculo no lo dan los chicos, lo dan sus padres. Basta con presenciar durante unos minutos para percibirlo. Desde las arengas más vehementes, hasta los insultos al árbitro y al equipo contrario más hirientes. Un verdadero show de mal ejemplo.

Un comportamiento que no distingue sexo, edad o condición socioeconómica. Verdaderas transformaciones que muestran la peor versión de quienes deberían tener muy en cuenta el impacto que tendrá su conducta y actitud, sobre sus propios hijos, los otros niños y también en los demás adultos.

¿Hasta qué punto somos conscientes del alcance y repercusión que tiene nuestro modo de proceder en los demás?

Debiéramos al menos serlo en lo relacionado a los niños: sabemos que nuestra influencia es muy importante sobre todo en los primeros años de vida, aquellos donde de acuerdo a los psicólogos se gestan los rasgos más significativos de nuestra personalidad.

Organizaciones como Child Friendly, de Australia han realizado campañas masivas para concienciar a los adultos de este impacto. El vídeo que acompaña este post es parte de una de ellas.

Sin embargo, el poder de la influencia por imitación no se limita a los niños. De hecho uno de los descubrimientos en neurociencia más importante de los últimos años ha sido el de las neuronas espejo (*): un tipo de neuronas que se activan “reflejando” la acción de otra persona sin necesidad de realizar la actividad, esto es, activan las mismas partes del cerebro realizando una acción, que viéndola realizar por otra persona o simplemente imaginándola. Es el motivo de algo tan cotidiano como el contagio de los bostezos o la risa.

Las neuronas espejo son la razón de la tendencia natural a imitar que disponemos los seres humanos, se activan desde el nacimiento y conducen a los bebés a imitar automáticamente los movimientos de los adultos e ir aprendiendo. Juegan por tanto un papel fundamental en el desarrollo del lenguaje.

Se ha demostrado que son asimismo la base para la empatía ya que nos permiten comprender las intenciones y emociones de los otros. Se ha apreciado que algunas zonas del cerebro vinculadas a las emociones se activan de la misma manera si somos nosotros quienes las experimentamos que si vemos a otras personas vivenciarlas. Sin ellas no podríamos disfrutar del cine, del teatro, de las novelas.

En otras palabras, las neuronas espejo son las que nos posibilitan ponernos en el lugar del otro y sentir –literalmente- lo que el otro siente.

Esto no sólo confirma lo que ya sabemos por experiencia: si vemos, interactuamos o percibimos a alguien con un determinado estado emocional –enfado, alegría, tristeza- o una determinada actitud –colaborativa, de indiferencia, positiva, negativa- en nosotros se activará un estado de ánimo y una actitud en correspondencia con dichos estados y posturas. Lo que resulta en algo más trascendental: otorga aún más importancia al poder de la influencia, al poder para generar estados anímicos, determinar comportamientos y en definitiva favorecer actitudes y disposiciones –del signo que sean- en los demás.

Transforma al poder de la influencia en un súper-poder que generalmente utilizamos de forma bastante inepta, por ejemplo cuando tenemos una intención y obtenemos un impacto de signo contrario, cuando gestionamos inadecuadamente un conflicto o simplemente cuando queremos tener un buen día y todo nos sale al revés.

El poder de la influencia se ejerce y se percibe claramente a través de la comunicación no verbal, la que los expertos saben que es en general la de mayor impacto: los gestos, la postura corporal, la expresión facial, el contacto visual así como el peinado, la ropa o el perfume.

Sin embargo el poder de la influencia despliega una huella más profunda a través del tipo de comunicación más importante: la comunicación vital, aquella que se transmite por la vía del ejemplo, la que se traslada en el conjunto de acciones, decisiones, actitudes, comportamientos. La que proviene del propio Ser.

El poder de la influencia por medio de la comunicación vital se hace patente en el liderazgo, sea en el ámbito organizacional como en las sociedades. El ejemplo no ya que prediquen los líderes sino el que efectivamente demuestren, cada día, en cada actuación, será el que se asimile y en buena medida se ‘imite’ por parte de los liderados.

Ahora más que nunca sabemos que se lidera a través del ejemplo ya que el ejemplo se imita: hay una parte del cerebro que está continuamente ‘escaneando’ y replicando lo que las personas que representan una referencia para nosotros hacen, deciden, eligen, viven.

En el ámbito familiar -como se mencionaba al inicio- y en el organizacional, si bien somos conscientes de su importancia, sin duda tenemos aún mucho camino por recorrer.

La buena noticia es que los entornos empresariales -de a poco- están dándose cuenta de la necesidad de transformar el Ser más que el Hacer. Aunque no lo mencionen de esa forma, están poniendo el foco en la Comunicación Vital. Vale de muy poco invertir en programas de ‘habilidades de liderazgo’, típicamente para saber delegar, gestionar el tiempo o liderar equipos, si las personas no son conscientes de por qué no delegan, qué es lo que valoran a la hora de priorizar y cómo liderarse a si mismos, respectivamente.

A nivel de la sociedad, el panorama es bastante más desalentador: los líderes políticos en general despliegan continuamente, día a día, un abanico de ejemplos que dejan mucho que desear: en acciones y comportamientos, pero sobre todo en valores y actitudes. La comunicación vital que propagan se refleja en la sociedad a través del desánimo, la desconfianza, la mediocridad, entre una larga lista de legados nada positivos que van acuñando.

Queda por tanto nuestra responsabilidad, nuestra capacidad para responder. Sabiendo que disponemos de este super-poder para influenciar, utilicemos nuestra propia comunicación vital para imprimir en nuestra área de influencia los ingredientes necesarios para contrarrestar lo anterior.

Hagamos que la huella que dejemos, en cada acción, interacción, decisión, refleje la mejor versión de nosotros.

Hay millones de espejos esperándonos para imitarnos.

(*) Las neuronas especulares o espejo fueron descubiertas por casualidad en la década del 90 en Italia, por el grupo de investigación dirigido por Giacomo Rizzolatti al estudiar el cerebro de monos macacos. Su objetivo era monitorizar la respuesta neuronal del cerebro de los monos cuando estos realizaban acciones como llevarse comida a la boca. En una de las pausas, cuando uno de los científicos tomaba un refrigerio, observaron que determinadas áreas del cerebro del mono se activaban de la misma manera como lo hacían cuando el mono era el que comía. Después de repetir varias veces este comportamiento, se dieron cuenta de que, en efecto, había un grupo de neuronas que se activaban lo mismo cuando era el mono quien realizaba la acción que cuando veía a una persona hacerla.

En años más recientes se comprobó que los seres humanos también poseen neuronas espejo, al igual que algunos tipos de aves.

El Dr. Giacomo Rizzolati ha sido Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2011.

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