Let it be

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Escuché decir a Risto Mejide que no somos lo que pensamos que somos. Ni mucho menos lo que decimos que somos. Ni siquiera lo que hacemos o aquello a lo que nos dedicamos. Somos lo que la gente recuerda. Y sobre todo, somos lo que esa gente siente cuando lo recuerda.

En definitiva, somos una respuesta emocional en los demás que permanece en el tiempo.

Hoy esa definición ha cobrado gran vigencia. La primera noticia que escuché al levantarme fue que hace exactamente 45 años, The Beatles tocaron juntos en vivo por última vez, en el mítico concierto sobre la azotea de sus propios estudios. 42 minutos, 5 canciones que repitieron y las palabras finales de John: “Gracias en mi nombre y en el de la banda. Espero que hayamos pasado la prueba”.

Mientras sonaba “Let it be”(*) mi respuesta emocional, esa que menciona Risto, se disparó y resultó en una mezcla de admiración, nostalgia y reflexión sobre ese ‘déjalo ser’. Sobre el aceptar.

Dice McCartney que se inspiró en un sueño que tuvo en esos días durante las tensas sesiones para la grabación del Get Back Album, cuando el final de la banda ya era inevitable. En el sueño aparecía su madre, fallecida cuando él tenía catorce años, que le dijo: “..todo saldrá bien, déjalo ser, let it be.

Dejar ser, aceptar, soltar. Algo tan difícil a veces y tan cercano a la resignación, aunque muy diferente.

La aceptación es el reconocimiento de una realidad, que aunque no nos guste, la comprendemos, la asumimos. Y al hacerlo, podemos dirigir, nuestra atención -y nuestra intención- hacia cursos de acción bien para solventarla o bien para adoptar una posición constructiva, esto es, de posibilidades.

En la aceptación hay una actitud que nos permite responsabilizarnos de la realidad que nos tocó vivir. Responsabilidad entendida como la habilidad de responder (respons-ability), de ‘tomar las riendas’ de la respuesta a esa situación, aunque ésta sea muy difícil, dolorosa o incluso imposible de cambiar.

En la resignación, por el contrario, no hay comprensión ni asunción. Hay un estancamiento, un sometimiento a la situación, un anclaje a la añoranza, a la queja, al enfado. O a la tristeza. Por lo que no está, por lo que pudo o no pudo ser, por lo que ya fue y no sigue siendo.

La resignación se refleja cuando ‘tiramos la toalla’, cuando nuestra habilidad para responder se bloquea, se siente impotente y de alguna forma seguimos esperando a que algo cambie, sin adoptar la actitud o hacer algo para ello.

Aceptación y resignación muchas veces se confunden y sin embargo comportan una diferencia sustancial: la que existe entre ser protagonista y ser víctima, respectivamente.

Al aceptar, tomamos el timón frente a las circunstancias; al resignarnos, nos sometemos a ellas.

En realidad el propio Mc Cartney, bastante tiempo antes de ese 30 de enero de 1969 nos había proporcionado el mejor ejemplo para diferenciar aceptación de resignación. Durante su época de estudiante secundario había intentando cantar en el coro de su instituto y no lo aceptaron, de hecho sacaba malas notas en la asignatura de música. Quiso entrar a su vez en el coro de la catedral de Liverpool y también lo rechazaron. El resto de la historia es conocido: Paul lo aceptó pero no se resignó.

Aunque lo más interesante -y no tan conocido- es que ese mismo instituto se ha transformado en el Liverpool Institute for Performing Arts, uno de los referentes europeos más importantes para la formación en artes y su presidente de honor es Sir Paul Mc Cartney.

Y el coro de la catedral ha cantado en todos estos años cientos de veces, decenas de canciones de Paul, uno de los músicos más talentosos del planeta, el mismo que no se resignó cuando lo rechazaron. (**)

(*) El máster de “Let it be” fue grabado en realidad al día siguiente, el 31 de enero de 1969, como parte del proyecto Get Back Album, con McCartney al piano, Lennon al bajo, Billy Preston al órgano y George Harrison y Ringo Starr a la guitarra y a la batería, respectivamente.

(**) Sugerencia: léelo de nuevo, ahora con la música del vídeo de fondo. Te invito a compartir lo que piensas (y sientes).

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