El enfoque de la relación. (I)

relaciones_1_fernandonotaro.com

El dinero no es lo que mueve al mundo. Son las relaciones las que lo hacen. Vivimos en un mar de relaciones y diariamente nos enfrentamos a la gestión de esas relaciones y a interactuar con diversos grupos de personas, en distintos ámbitos y con diferentes propósitos.

La relación está en la base, en la esencia del desarrollo de nuestras vidas. Con personas, claro está, pero también con elementos o factores menos tangibles como la autoridad, el medio ambiente, el trabajo, el dinero o el amor. O con algo más profundo: la relación con uno mismo.

“La relación”, es en sí mismo una entidad con características propias, con rasgos diferenciales. Podríamos llegar a decir que cada relación tiene su propia personalidad. El tema es que no estamos acostumbrados a pensar en la relación de esa manera.

Pongamos un ejemplo: si yo digo que pienses en una relación dulce; o en una relación amarga; o en una transparente; o una fría; o una pesada; o una espinosa;… seguro que en cada adjetivo te ha venido una persona, alguien o algo a tu mente.

La relación es ese hilo invisible que nos une y que nos permite interactuar, es el medio en el cual se desarrolla nuestro día a día, nuestra vida.

Cada relación es diferente y cada relación nos pedirá algo diferente. Demandará de nosotros algo distinto, ya sea en comportamientos, en palabras, en distancia, en afecto, en acciones concretas.

Lo interesante –e importante- de poner el foco en la relación, es que nos permite por un lado ampliar la consciencia de lo que está sucediendo y por otro incrementar nuestra libertad de elección. Me explico: si yo soy consciente de cómo es y qué es lo que está pasando en una determinada relación, aumento mi capacidad para gestionarla y de allí mi margen de maniobra para tomar decisiones de forma intencional, deliberada y con mayor eficacia.

En otras palabras, si amplío mi consciencia respecto de las relaciones, tendré mayor capacidad para actuar sobre ellas, ya sea para crearlas, mantenerlas, desarrollarlas o también para matarlas (o al menos ‘ponerlas en el congelador’).

En realidad la potencia de esta perspectiva es aún mayor: poner el foco de atención sobre la relación –sobre el interfase- y no en la otra persona o elemento que está ‘al otro lado’ de esa relación, hace que se despersonalice, se des-etiquete y se reduzcan los juicios personales, logrando de esa forma  avanzar, desbloquear, gestionar un conflicto o simplemente mejorar el ambiente en donde se desarrolla esa relación.

Nos hará más conscientes de que la responsabilidad de la relación comienza en uno mismo. Es precisamente el enfoque “100/0” que compartiera en un anterior post, el cual implica suprimir la dosis de culpa atribuible a los demás.

Nadie dice que sea fácil. Sin embargo es muy posible -y necesario- en el contexto cada vez más complejo de incertidumbre, fricciones y desánimo instalados en la sociedad, el cual requiere cambiar el punto de mira,  ser más eficaz (no sólo ‘más eficiente’) y sobre todo: adquirir un nuevo espíritu para salir adelante.

No es fácil pero sí es simple. Dos tipos de preguntas, pueden ayudarnos a ampliar la mirada y enfocar hacia la relación: en primer lugar, ¿cómo es, qué características tiene, qué elementos componen esa relación?; en segundo término, ¿qué está necesitando, qué está faltando, qué está pidiendo esa relación?

Uniendo estas preguntas al plano de la responsabilidad personal antes mencionado, el siguiente paso es evidente: ¿qué aporto yo, qué doy, qué no doy a esa relación? y por consiguiente, ¿qué necesita de mí, que me pide, qué me reclama?

Te invito a hacer este ejercicio. Te invito a que compartas qué tal te ha ido, será un primer paso para continuar hablando de este tema.

Post to Twitter Post to Facebook Post to Google + Post to LinkedIn