La muerte silenciosa

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“Me transporta hacia otro lugar…” fue la contestación que me dio un niño de 10 años ante la pregunta que plantee: ¿qué es lo que te apasiona de hacer música?, en el encuentro que tuve el privilegio de liderar en la Yamaha Music School de Montevideo hace unas semanas (*).

La cita era con alumnos de todas las edades e instrumentos, un público heterogéneo y entusiasta que se vio sorprendido ante esa pregunta que la mayoría confesó nunca haberse planteado antes. Una cuestión que dio lugar a respuestas y reflexiones muy sugestivas y diversas: desde el disfrute de la capacidad como lenguaje universal que tiene la música para conectar con personas de cualquier parte del planeta, hasta la satisfacción de tocar para que la gente baile y se divierta o un simple “porque me gusta”.

Lo interesante en todo caso, fue que esta pregunta puso el foco hacia lo que las personas –¡y las empresas!- debiéramos intentar encontrar cada vez con mayor ocupación: dónde está o en qué radica la pasión de lo que hacemos.

Pasión, concepto que solemos asociar a determinados ámbitos pero que puede estar presente en cualquier actividad. Para los que no pueden despegarse de esa vinculación, la solución está en sustituir ‘pasión’ por un sinónimo cercano: entusiasmo.

A nivel personal nos sucede comúnmente lo que a los estudiantes de música, no nos preguntamos qué es exactamente lo que nos apasiona –o entusiasma más- de esa actividad que hacemos en forma habitual. El sólo hecho de planteárnoslo nos invita al descubrimiento de argumentos que quizá ni seamos conscientes. Por exceso o por defecto: muchas veces nos damos cuenta que no hay nada que nos apasione o nos entusiasme en eso que estamos haciendo.

En el mundo de la empresa esta cuestión es similar, las organizaciones no son lo suficientemente conscientes de la importancia de generar pasión en sus empleados. Hoy todo el mundo habla de la ‘gestión del talento’, pero nadie habla de la gestión del entusiasmo en las empresas.

Y el desafío es que la pasión no es algo que se compre. No se consigue ni siquiera con un buen salario, al menos no necesariamente. La pasión forma parte del salario emocional, no del económico.

En ambos casos, en el de las personas y en las empresas, el resultado de la no toma de consciencia acerca de la importancia de la pasión es el mismo: el pago de un alto coste, aunque seguramente silencioso. Algo parecido a la hipertensión: te mata pero no te das cuenta. La llamada ‘muerte silenciosa’.

El coste para las personas de ejercer actividades sin pasión es una frustración que se va acumulando, gota a gota, día a día, sin hacer mucho ruido. Con el efecto a mediano o largo plazo del desánimo, el desinterés o la apatía: la muerte del entusiasmo. Muertos en vida. Aquello de “morir a los veinte aunque te entierren a los noventa..

Para las empresas, el coste es el que vemos habitualmente: la migración de su personal, en especial de las personas que aportan valor, hacia la búsqueda de actividades o compañías donde poder realizar sus sueños o al menos que tengan un mayor sentido para ellas. Con el resultado para la organización de la muerte de su capacidad, su competitividad y en definitiva, su rentabilidad. Insisto: en las empresas, no es un tema -sólo- de talento. El filósofo contemporáneo José Antonio Marina lo expresa exquisitamente: “Se trata de que personas no extraordinarias produzcan resultados extraordinarios”.

Yo añado: y eso sólo se logra principalmente a través del entusiasmo y la intensidad que genera el encanto, con todo lo que ello conlleva.

En cuanto a la presión arterial, los que somos hipertensos sabemos que existen diversos factores correctivos: el ejercicio, comer con poca sal, bajar de peso, el Valsartán,..

Del mismo modo, para contrarrestar la falta de entusiasmo hay antídotos, o lo que es lo mismo, para el encuentro con la pasión también hay fórmulas: ser inconformista, no ser víctima de las circunstancias sino protagonista de la vida, ser perseverante, conocerse, quererse. Cambiar. Para ello, decidirse y gestionar el miedo al cambio. Si no, sucederá como dice Elsa Punset: “..la vida le pasa factura a los indecisos y a los miedosos”.

Eso sí: para la falta de entusiasmo no hay Valsartán que valga.

Y así como nos controlamos la tensión arterial, sería muy conveniente chequear nuestro grado de pasión, de entusiasmo en las actividades, ocupaciones o tareas que llevamos adelante.

La buena noticia es que un grado alto de pasión no nos va a matar. Sí lo contrario.

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(*) El encuentro se desarrolló en la sede principal de la Escuela Yamaha, en la Megastore de Todomúsica, ubicada en Montevideo Shopping Center, el día 20 de Abril. Estas son algunas fotos del evento:

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