Musimaginando

partitura manuscrita de W.A.Mozart.

En la música occidental, existen básicamente doce sonidos o notas*. Todas las canciones y  músicas que hemos oído a lo largo de nuestra vida, las que se han creado y las que se lleguen a crear ‘sólo’ contienen, o contendrán, esas doce notas. O menos. El Himno a la Alegría, una de las melodías más emblemática y pegadiza, sólo contiene cinco.

En las culturas orientales, aparentemente hay mayor riqueza al existir notas intermedias o microtonos, pero en un análisis más riguroso, sólo se utilizan también unas doce, el resto son simplemente variaciones expresivas (glissandos, portamentos, etc).

En definitiva: todo el mundo sonoro construido por el ser humano, proviene esencialmente de unos pocos sonidos. De la combinación de esas notas o sonidos, con diferentes duraciones, superposiciones, ritmos, timbres y alturas surge toda (TODA) la música que se ha compuesto y se compondrá.

Si esto pudiera parecer sorprendente pensemos:

El cerebro medio está formado por unas cien mil millones de neuronas. Cada neurona está conectada a otras, normalmente entre mil y diez mil más. Para poder intentar captar el número de combinaciones que puede haber entre esas neuronas consideremos solamente unas pocas: el número de posibilidades para conectar 2 neuronas es de dos (conectada o no conectada), para 3, hay 8 posibilidades, para 4: hay 64, para 5: 1.024 y para 6: 32.768.

El número de combinaciones posibles -y por tanto el número de pensamientos diferentes que cada uno de nosotros puede tener-, es superior al número de partículas conocidas, de todo el universo conocido.

¿Cuál es el elemento que ‘conecta’ la combinación de neuronas y la de las notas musicales? No es otro que la imaginación, esa capacidad humana que como dijera Albert Einstein, es más importante que el conocimiento, especialmente en los momentos de crisis.

La imaginación es la que lleva a la creatividad, concepto hoy tan manido en el ámbito empresarial y que hasta hace pocos años era patrimonio exclusivo de las artes (o la publicidad) y en general atribuible a un don natural, a un talento.

Al respecto son muy elocuentes las propias palabras de una de las personas más creativas en toda la historia de la humanidad: W.A. Mozart**: “Cuando me hallo en buena forma física, ya en un coche durante un viaje, ya dando un paseo después de cenar o si no consigo dormirme, las ideas me llegan a raudales. No sé de dónde vienen o cómo llegan, pero ahí están. Guardo entonces las que me gustan, las canto en voz baja –o al menos eso dicen- y poco a poco las voy convirtiendo en mi cabeza en algo coherente. La cosa avanza, yo voy desarrollando mentalmente esas ideas, veo todo con mayor claridad hasta que en un momento, la obra queda terminada dentro de mi cabeza. Puedo abarcarla de una sola mirada, como si se tratase de un cuadro o una estatua. No veo la obra en su discurrir, como cuando se representa o ejecuta, sino como fuese un bloque. Y esto es un regalo de Dios.”

De esta forma, uno podría pensar que los que no tienen ese ‘regalo de Dios’, no podrían crear. Sin embargo el propio Mozart nos da una clave para darnos esperanza al resto de los mortales***: “Se equivocan totalmente los que hablan de lo fácil que me resulta componer; os aseguro, querido amigo, que no debe haber en el mundo nadie que se haya esforzado tanto como yo para poder dominar el arte de la composición. No sería fácil encontrar un compositor al que yo no haya estudiado con toda aplicación, en muchas ocasiones y de principio a fin”.

En suma: La imaginación, como base y sustento del esfuerzo y la perseverancia, son los elementos para poder crear. Algo de lo que ya nos hablaron creadores tan diversos como Tomas A. Edison, Picasso, Stravinsky o García Márquez.

La imaginación es una de las facultades humanas más maravillosas y a la vez más crueles porque permite transportarnos a las situaciones y sensaciones más agradables pero también a las desgracias y penurias que nuestra mente pueda elaborar –y que quizá nunca vayan a suceder-.

La imaginación es la que permite vernos ganadores o perdedores. En nuestra mente,  ex-ante, previo al suceso.

Esto es especialmente evidente y utilizado en el ámbito del deporte, pero en realidad es en TODOS los planos. Si me imagino que este post será un desastre, probablemente terminará siéndolo.

El tema es que no nos damos permiso para imaginar. Neutralizamos la imaginación a través de mecanismos como la falta de tiempo y la queja: “Me paso todo el día haciendo y haciendo y no puedo darme el lujo de ponerme a imaginar”; “esto o aquello está muy mal, no se arregla y no me corresponde a mí imaginar una solución”; “la imaginación es para los soñadores..”, etc.

Sin embargo la imaginación es una de las herramientas más poderosas con las que contamos los animales humanos y que deberíamos utilizarla más seguido. Nos posibilita situarnos en el futuro, en la visión, en lo que podría llegar a ser, más que en lo que creemos que es posible.

Y esto no son solo palabras o bonitos deseos. Metodologías revolucionarias como el método Merlin para planificar, se utilizan en empresas punteras para elaborar la visión, utilizando la fuerza de la imaginación, en donde las personas se ‘dan permiso’ para estar situadas y construir DESDE el futuro. Como decía Mozart, viéndolo como un bloque.

En este punto, Mozart nos puede volver a servir de fuente de aprendizaje: si hubiese aplicado sólo una pequeña parte de esa infinita imaginación en su propia vida, seguramente hubiese tenido una existencia con bastante más calidad, respeto y alcance en su época. Hubiese vivido menos la imaginación de otros hacia él.

Nuevamente: es el futuro el que determina el presente, porque dependiendo de a dónde quiera llegar es lo que tenga que hacer hoy para lograrlo.

Seamos los compositores de nuestras vidas. Contamos con la principal herramienta, la imaginación: pongamos a combinar las neuronas y dispongamos de las notas y los sonidos necesarios para que esa partitura suene como nosotros queramos.

La buena noticia es que no hacen falta muchas notas. “Solamente las necesarias”, dijera también el propio Wolfgang.


* Son los que se encuentran dentro de una octava (a partir de allí se vuelve a repetir el ciclo de nombres de las notas, a una frecuencia más alta o más baja).
** Transcriptas a través de un diálogo con el periodista y escritor Friedrich Rochlitz, en ocasión de la visita de Mozart a Leipzig, en 1787.
*** Citadas en la primera biografía de Mozart, escrita por Franz Niemschek en 1797, profesor de filosofía y muy allegado al compositor.

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