Patadas en el culo

YinYang2_fernando notaro weblog

En la vida no existen los amigos ni los enemigos, sólo maestros. Lo mismo sucede con los años: todos los años que pasan nos enseñan muchas cosas. En estos momentos en que la tradición indica hacer balance del año que termina, lo interesante sería realizarlo en términos de aprendizaje, de todo lo que hemos aprendido y aprehendido, esto es, de todo lo que nos hemos quedado. No en términos de bueno o malo, sino en términos de enseñanzas.

Por lo tanto, la invitación es a descubrir aprendizaje, extraer lecciones, refinar maestría, de cada hecho significativo que nos haya sucedido en este año, del signo que fuere.

Ciertamente, una de las fuentes mayores de aprendizaje son las patadas en el culo. Sí, has leído bien. Las patadas que recibimos en el trasero pueden llegar a dolernos mucho, pueden herirnos, lastimarnos, pero tienen una virtud: nos impulsan hacia adelante. Y nos enseñan.

Las patadas durante el año pueden haber venido desde diversos ámbitos, situaciones y en diversos formatos: personales, laborales, institucionales, nacionales, globales. La propia naturaleza puede habernos propinado alguna coz, como la del 11 de marzo de este año a los japoneses.

Pero de todas, de absolutamente todas, además del dolor, también vamos a obtener sabiduría.

La sabiduría es un proceso y estar en ese proceso nos hace crecer. De ahí la importancia de tener la actitud adecuada para apreciar las bondades de los puntapiés. Algo que parece paradójico, pero que cobra significado generalmente desde la perspectiva del tiempo transcurrido, precisamente en estos días de reflexión y balance.

El aspecto aparentemente contradictorio de las patadas tiene una expresión para mí insuperable: el Yin y el Yang, concepto de la filosofía china especialmente importante en el Taoísmo, que representa la dualidad de todas las cosas, las fuerzas aparentemente opuestas pero a la vez complementarias e interdependientes. El significado del Yin y el Yang apunta hacia el equilibrio de todas las fuerzas, sin el uno no podría existir el otro, necesitan su interacción. Los chinos nos hablan de lo masculino y lo femenino, el día y la noche, el pecho y la espalda. Yo añadiría: la valentía y el miedo.

En mi actividad profesional, he conocido a muchas personas en este año que han perdido su empleo, una situación a priori no deseable, no grata, no apasionante. En especial en un contexto de crisis. No es fácil percibir el lado maestro de esa situación, por supuesto. Pero en cada una de esas realidades ha existido un aprendizaje de vida que en la mayoría ha significado una oportunidad de crecimiento. Y en no pocos casos me atrevo a decir que ha representado un regalo que les ha dado la vida, han salido ampliamente ganadores. El Yin y el Yang.

Tenemos claro que la patada de la crisis representa también una oportunidad. Oportunidad para salir de nuestra zona de confort, de ser más conscientes acerca de nuestras capacidades y habilidades y de ponerlas a prueba, de forzarnos a mirar en otras direcciones, de descubrir alternativas, de explorar nuevos territorios.

Las patadas nos abren posibilidades. Incluso las patadas más feas, las relacionadas con la salud. Hay una frase muy elocuente de (Sir) Ken Robinson refiriéndose a la poliomielitis que sufrió de pequeño y le dejó cojo de por vida, cuando quería ser futbolista: “..la Polio me ha abierto muchas más puertas en la vida que las que me cerró en su día.”

Es por ello que en los estertores del año que finaliza, animo a apreciar ese rayo de luz que nos ha traído cada una de las patadas que hemos recibido, no desde el dolor o la marca que nos dejó, si no desde el aporte de sabiduría o la oportunidad que nos legó.

Desde allí y desde la gratitud (no el agradecimiento), seremos más sabios y sobre todo: estaremos más preparados para el 2012, que traerá nuevas patadas, ergo, nuevos impulsos y nuevas oportunidades.

Feliz Año! Y a tí sí, mi agradecimiento por tu fidelidad de lector/lectora.

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