Cien/Cero

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¿Quién es el responsable de tu vida? ¿Y de tu equipo? ¿Y de tu empresa? ¿Y de tu relación de pareja? Casi con seguridad tu contestación será que en parte es responsabilidad propia y en parte lo será de algo o alguien más.

Esto parece obvio dentro del modelo en el que fuimos educados en general: “yo me hago responsable por lo que está bajo mi control, el resto ya no es cosa mía”. Por lo tanto, bajo esta forma de pensamiento, la responsabilidad está asociada a la propiedad y al control, si es de mi propiedad o está bajo mi control, será mi responsabilidad.

En otras palabras, yo sólo puedo gestionar mi cuotaparte de responsabilidad.  ¿Qué pasa entonces con la otra parte? Mi vida, mi equipo, mi empresa, mi relación dependerán por lo tanto del porcentaje de responsabilidad que no está bajo mi dominio. Estarán supeditados al  otro, a los otros.

En una relación de pareja, si preguntamos cuál es el porcentaje que corresponde a cada una de las partes, la respuesta más habitual es 50/50, esto es, la mitad de responsabilidad para cada una. “Nos repartimos la responsabilidad de la relación por mitades”, algo considerado ideal en muchos casos, pero que delega en la gestión del 50% de la otra persona el devenir de la relación, ya sea hacia el éxito o –especialmente- hacia el fracaso. Porque la culpa –casi- siempre es del otro, ¿no?

¿Qué pasaría si consideráramos que la responsabilidad de la relación fuera 100/100, es decir, que ambas partes fueran responsables por todo lo que suceda en la misma? Podría parecer algo sumamente ambicioso o utópico: “ambos somos responsables por el 100%”. La cuestión es que aún en esta situación la responsabilidad continuaría siendo compartida, mi responsabilidad seguirá dependiendo de tu responsabilidad y en el momento en que uno de los miembros no esté asumiendo el 100%, estará incumpliendo su cuota y por lo tanto afectando la relación.

Pero.. ¿qué sucedería entonces si asumimos la relación con una responsabilidad 100/0? Significaría que yo me hago responsable por el cien por ciento de la relación y no hago responsable a la otra parte de ningún porcentaje. No atribuyo a la contraparte, a los demás, de ningún grado ni cuota de responsabilidad. Yo asumo toda la responsabilidad.

¿Qué implicaría esto? Sería ni más ni menos que suprimir la dosis de culpa atribuible a los demás. La consecuencia es que desde esa posición, desde esa perspectiva, ya no estaríamos reaccionando, sino que actuaríamos bajo nuestra iniciativa, ya no necesitaríamos las excusas por culpa del otro, los otros o las circunstancias.

Es bastante probable que este planteamiento nos chirríe. Para empezar porque sobrevendrá en nuestra mente la imagen de tener que hacernos responsables por todo y el resto del mundo por nada. No es eso lo que este planteo nos propone. No seremos responsables por todo: seremos responsables por nuestra vida, con todo lo que ello implica.

El enfoque cien/cero es un cambio de actitud, es no ser más víctimas de la situación, es asumir la habilidad de responder (respons-ability) siempre.

Continuamente nos quejamos, de todo. En estos días, en esta región del planeta toca quejarse de dos cosas fundamentalmente: del frío y de la crisis económica. Ambas cosas son ciertas y realmente existen, ese no es el punto. La cuestión es ¿dónde reside nuestra responsabilidad?

En el primer caso, un colega islandés conversando sobre el tema del clima y preguntándole sobre lo difícil que sería vivir en Islandia me dijo: “No se trata de que haga buen o mal clima. Se trata de tener la vestimenta apropiada..”

En relación a la crisis económica, ¿de quién es la responsabilidad? ¿Del Gobierno, de los bancos, del capitalismo? Lo cierto es que hemos comprado con el dinero que no teníamos cosas (y casas) que no necesitábamos. Y peor aún: para demostrárselo a gente que no nos interesaba.

Es habitual también quejarnos porque alguien no actúa de la forma que quisiéramos. A este respecto, el famoso director de orquesta Benjamín Zandler nos dice: “..si alguien no hace lo que quieres que haga, debes ofrecerle una disculpa porque no le has explicado adecuadamente (el para qué de) lo que querías”.

El cien/cero implica libertad de elección. Puedo elegir qué hacer con las circunstancias que se presentan, puedo elegir cómo gestionar un conflicto, cómo responder en un momento determinado. Puedo elegir siempre la actitud. Y las consecuencias que se desprendan de esa elección serán mi responsabilidad. Porque elegí en una dirección y no en otra.

El cien/cero no es fácil, pero implica posibilidades nuevas, conversaciones nuevas, actitudes nuevas.

Mi invitación es a practicar el cien/cero. Cuestión de responsabilidad.

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