Creotividad

maxims_1

Lo que creemos es lo que creamos. Algo que a esta altura del partido ya tendríamos que tener bastante claro. Si me creo un idiota, seré un idiota. Si me creo guay (de onda).. al menos es más probable que lo sea.

Al final, las creencias lo son -casi- todo. De creencias se habla y escribe mucho y en especial  sobre las ‘creencias limitantes’, aquellas que, en palabras sencillas, son las que tiene una persona que está convencida de que algo no es posible y no importa lo que se le diga, no se le convencerá de lo contrario. Son las que ‘no nos dan permiso’ para hacer algo.

En Coaching una de las tareas básicas es la identificación de esas creencias limitantes. El hacerlas conscientes posibilita dar el primer paso para poder alcanzar un objetivo. En general.

Hay veces que el condicionamiento de esas creencias es tan fuerte que sucede aquello de que “cuando no se tiene el coraje de vivir como se piensa, se termina por pensar como se vive”.

Por eso me parece al menos igual de importante hablar de las creencias ‘potenciantes, término que si bien no existe oficialmente, lo prefiero para ponerlo en contraposición a las limitantes.

Las creencias potenciantes son las que conectan con nuestra esencia, con nuestros recursos, con nuestra sabiduría acumulada. Con nuestra pasión y nuestros sueños. Conecta con la parte que quiere, que está deseando tirarse al agua. Y esto es fundamental: hace más quien quiere que quien puede. Aunque habitualmente se diga lo contrario.

Recientemente leí sobre la historia del famoso y legendario restaurante Maxim’s, que ya tiene más de 100 años de vida, glamour y fama. Lo interesante de esta historia, como casi siempre, es su origen.

En 1893 un camarero llamado Maxime Gaillard soñaba con tener su propio local, en un París que vivía ‘a tope’ el fin de siglo. Lo encontró en el número 3 de la actual rue Royale, en lo que era una antigua heladería. Convenció a un amigo para que se asociara en esa nueva aventura y abrieron un bar al que le llamaron “Maxim’s & George’s”. A las pocas semanas, el amigo de Gaillard, desanimado por los escasos resultados decidió abandonar el emprendimiento y le exigió a Gaillard que le devolviese el dinero invertido. Gaillard no sólo se endeudó más para pagar a su amigo, sino que amplió y mejoró las instalaciones, convirtiéndolo en restaurante y convencido de que era la forma de atraer a la burguesía consumidora imperante. Gaillard volvió a apostar por su sueño: ahora simplemente Maxim’s.

Se dice que cuando tienes interés en algo, viene hacia ti. A Gaillard le sucedió así y con nombre de mujer: Irma de Montigny, ‘reina de la noche’ parisina de la época. Al parecer, una noche enfurecida por el trato que le habían dado en el restaurante Chez Marie abandonó su mesa y junto a su acompañante salieron raudamente de ese local. Atraídos por el luminoso que anunciaba la entrada a Maxim’s se decidieron a entrar y ni bien atravesaron las puertas llamaron la atención de Gaillard, quien vio en ellos la oportunidad de su vida. Tales fueron las atenciones que les dispensó, que Irma de Montigny al salir le dijo: “voy a poner de moda tu local”.

El resto es historia: a las pocas semanas Maxim’s ya era el lugar en donde la aristocracia y la crème de la crème parisina se reunían. Desde 1981 Maxim’s es propiedad de Pierre Cardin y tiene locales similares en New York, Tokio, Roma, Pekín y Río de Janeiro.

Creer es crear. Para construir o para destruir. ¿Qué hubiese pasado si Gaillard hubiese tirado la toalla cuando su amigo lo abandonó? No lo sé. Lo que es seguro es que Maxim’s no existiría.

En este punto sólo puedo añadir una frase ingeniosa del escritor catalán Xavier Guix: “si no lo creo, no lo veo..”.

Post to Twitter Post to Facebook Post to Google + Post to LinkedIn