Patterns

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El  Berklee College of Music de Boston es la universidad más prestigiosa para estudiar jazz, el tipo de música donde la improvisación es el alma, el designio, el disfrute de los que la ejecutan y los que la oyen. ¿Y cómo se enseña a improvisar? ¿Se puede aprender? En Berklee tienen claras estas respuestas y han desarrollado un método que produce anualmente cientos de músicos, excelentes improvisadores y grandes artistas.

Uno de los pilares de ese método, es el aprendizaje de patrones, patterns, motivos musicales que pueden ir desde dos a tres notas hasta complejas frases melódicas de varios compases. En otros estilos, como en el rock o el pop también se les llama riffs.

La idea es muy sencilla: el aprendizaje e internalización de estos patterns practicados insistentemente en las diversas escalas, modos, alteraciones y ritmos hacen que la información pase del cerebro consciente al inconsciente y puedan ser utilizados “espontáneamente” dentro de una improvisación. Sencillo pero no fácil.

Otra de las patas del método de Berklee es simplemente escuchar. Escuchar a los grandes improvisadores: transcribir sus solos (sí, nota por nota) y aprender de ellos. Cada uno en su estilo nos podrá aportar elementos, patrones nuevos, trucos, etc. Escuchar también es una forma de pasar info al inconsciente.

El resto ya lo proveen la práctica y el talento natural. Especialmente las condiciones innatas que pueda traer cada uno, que como siempre marcarán la diferencia entre ser bueno o ser una estrella.

El método para aprender a improvisar no es ni más ni menos que el mismo que hemos utilizado para todo en la vida: aprender patrones, mandarlos al inconsciente y lanzarlos “espontáneamente” según se dieran las circunstancias.

Según la psicología la personalidad se fragua hasta los 6 -7 años y son los patrones aprehendidos en esa etapa los que más nos marcan, los que utilizamos de modo habitual para responder a las situaciones que se nos presentan. Y también ‘lo que escuchamos’ durante esos años es especialmente determinante en nuestra conducta para el resto de nuestras vidas.

Llegados a este punto podríamos preguntarnos entonces dos cuestiones: la primera, ¿somos conscientes de esos patrones?; la segunda, ¿podemos aprender nuevos patrones? El Coaching es precisamente una de las herramientas que más nos ayudará en ambas respuestas.

Sabemos que el Coach actúa como un gran ‘espejo’ que refleja a su cliente y por lo tanto una de sus funciones es la toma de consciencia por parte del cliente, el descubrimiento. Llegar al ‘darnos cuenta’ a través de nuestras propias respuestas tiene más fuerza que mil argumentos o diagnósticos que nos quieran aplicar desde fuera.

Como me gusta decir habitualmente: lo importante es llegar a ser ‘alcohólico consciente’, porque de esa forma ya tenemos la primera mitad del camino recorrido.

Para la segunda respuesta, otra de las grandes contribuciones del Coaching: la que viene dada por la elección. El cliente tiene el poder de la elección, también a través de sus propias respuestas y especialmente siendo consciente de las posibilidades que cualquier situación presenta. Las personas tenemos la facultad de ejercer nuestras opciones vitales y de allí la capacidad para aprehender también nuevos patrones.

Por tanto la buena noticia es que se puede. Podemos ser conscientes y podemos incorporar nuevas pautas, modelos, hábitos, nuevos patterns.

Claro que al igual que en la improvisación de jazz, tanto el talento como la práctica van a influir. Sencillo pero no fácil.

Mi invitación: rodearnos y escuchar de esa ‘buena música’ que nos mejore la calidad de vida al reproducirla en nuestra propia conducta, generando un círculo virtuoso. Aprender de esos patterns que nos acercan a la realización, al equilibrio y en definitiva a una vida plena. Aquellos patterns que nos ayudarán a descubrir, como dice Eduard Punset, que existe vida antes de la muerte.

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