Zona de Confort o el Caminito Vacuno

caminito vacuno

La carrera de 400m, es junto a la de 800m de las más atípicas: no es estrictamente de pique o velocidad como la de 100m, ni de resistencia o fondo como las de varios miles de metros. Cuando era adolescente y por pura casualidad, un profesor de Educación Física descubrió que yo tenía condiciones para ese tipo de carreras, de tal forma que llegué a competir ese año a nivel nacional. En la prueba de clasificación para la Final salí disparado como un misil, mi inexperiencia me hizo salir demasiado rápido. Cuando estaba ya en la recta final, mis brazos comenzaron a hacer giros como si fueran aspas de molinos, literalmente el mundo se dio vuelta y aterricé de bruces en la pista -que era de carbonilla-! Increíblemente me incorporé y continué la carrera. Era tal la ventaja que había sacado a mis rivales que terminé segundo con una ovación tremenda de las tribunas. Para mí fue la gloria. Y el final como corredor de 400m. Quedaba la Final, pero me negué a correrla, aduje que tenía dolencias por la caída.

Lo que en realidad tenía era un miedo atroz a volverme a caer. Preferí no arriesgarme, quedarme con el sabor de la gloria de la carrera anterior y evitar una posible caída. Lo peor de todo es que en la carrera Final, los tiempos que se marcaron hubieran posibilitado que estuviese al menos entre los tres primeros. Puedo asegurar que con el paso del tiempo muchas veces me he arrepentido de no haber corrido esa carrera.

Ya se sabe, uno se arrepiente realmente de lo que NO ha realizado, más de lo que sí ha hecho.

Los ejemplos para corroborar esta afirmación seguro que son muchos: los besos que no nos atrevimos a dar, aquella compra que no hicimos, las clases de idioma que no aprovechamos, aquella carrera que no estudiamos. Cada uno tendrá los suyos.

Uno de los conceptos más utilizado en Coaching es el de Zona de Confort. Representa todo aquello a lo que estamos acostumbrados, las acciones que hacemos habitualmente, esas creencias, ideas o juicios a los que estamos aferrados. Es  todo aquello a lo que estamos habituados. Es un concepto muy gráfico y elocuente, porque de alguna forma simboliza los límites de ese estado mental en donde el acomodo es el dueño.

La Zona de Confort constituye simplemente aquello que nos resulta familiar. Por supuesto no está vinculado a una determinada condición social o económica, así como tampoco representa una ‘buena’ zona o significa que allí estemos bien. Simplemente estamos y seguimos estando por hábito.

En esto las personas y las vacas somos muy parecidas: siempre nos gusta hacer el mismo caminito. Los campos están llenos de trillos demarcados por el ganado que siempre transita por él, un día tras otro. Hasta que van al matadero.

El tema pasa porque mantenerse en la Zona de Confort generalmente no da opciones para crecer y aprender. Mantenerse en la Zona de Confort es señal de conformismo, de falta de aspiraciones y de ambiciones genuinas, en definitiva: de falta de confianza.

Sacar un pie fuera de la Zona de Confort nos da miedo y angustia ante lo desconocido. Es la pastilla roja de Matrix.

Dicen los expertos, que a pesar de que el cerebro humano posee un mayor número de centros nerviosos de placer que de dolor, las personas tenemos una tendencia natural a evitar el dolor más que a buscar la recompensa, el placer, el logro. Esa seguramente sea la principal razón por la que nos cueste tanto salir de nuestra Zona de Confort.

Ahora bien, lo curioso es que todos sabemos que es necesario salir de la Zona de Confort si queremos alcanzar un resultado, una meta. Desde los que van al gimnasio y saben que al día siguiente tendrán agujetas y no les importa porque quieren estar más en forma, hasta los que asumen un riesgo para poder aprovechar una oportunidad que se presenta como única.

Es importante señalar que no es malo en sí mismo estar en la Zona de Confort. Lo importante, en todo caso es tomar consciencia, asumir compromiso y generar acción para salir en el momento que sea necesario.

Al igual que en Matrix, nadie nos garantiza el éxito o la seguridad de lo que vaya a suceder, pero lo que es seguro es que la única forma de asumir el protagonismo de nuestras vidas y aprovechar las oportunidades que se nos presentan, es no tomando la pastilla azul (la de Matrix, claro..).

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