El endecagrama

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Los chicos pasan 18 horas en el siglo XXI y 6 horas en el siglo XIX. Esta es la síntesis que puedo afirmar después de haber asistido al Global Education Forum, celebrado el fin de semana pasado en las instalaciones del Reina Sofía. En un marco espectacularmente multimedia y a modo de un plató de televisión, desfilaron personalidades nacionales e internacionales exponiendo sobre la “necesidad y urgencia de crear un nuevo modelo educativo que responda a las profundas transformaciones de nuestro tiempo”.

Ya nadie tiene dudas sobre la revolución social, del aprendizaje y el conocimiento actual. El cambio que estamos viviendo es comparable al que hubo desde el período de la Edad de Piedra hasta la Revolución Industrial. Sólo que “el nuestro” se produjo en menos de 10 años. Un sólo dato vale de muestra: los 10 trabajos más demandados en 2010 no existían en 2004.

Respecto de la Educación todos están de acuerdo en que el objeto (su finalidad), el sujeto (los alumnos) y el contexto (la realidad) han cambiado de forma más que significativa. Pero hay un pequeño detalle: lo que no ha cambiado es el sistema educativo! Seguimos con el mismo paradigma y modelo del siglo XIX, sí, el de la era industrial, el del automatismo, la rutina y la eficiencia.

Y no será por reformas. Éstas sí que las ha habido, de todos los colores. La cuestión pasa, como bien dijo Marc Prensky, porque antes de reformar nada, hay que hacerse preguntas. Yo añado: y escuchar. Escuchar de verdad a los protagonistas de esta historia: a los propios estudiantes, a la tecnología y por supuesto a los educadores. Escuchar significa tomarlos en cuenta en todas sus dimensiones, hacer las reformas no para ellos, sino con ellos.

Vivimos en el mundo 2.0 de la participación, la colaboración y la construcción de redes globales, donde no sólo es necesario aprender nuevas habilidades técnicas: es necesario el aprendizaje social y emocional. Algo que todas las generaciones anteriores hemos carecido y que gracias a disciplinas como el Coaching tenemos el privilegio de poder aprender. Ahora más que nunca se hace necesario saber trabajar en equipo, gestionar emociones, tener habilidades de liderazgo y management o habilidades tan básicas y necesarias como saber escuchar.

Tenemos también que aprender a gestionar la diversidad de un mundo globalizado. En la clase de mi hija de 9 años, en poco más de 20 alumnos, hay niños de al menos 6 nacionalidades u orígenes diferentes. No sé si a la profesora alguna vez alguien le ha enseñado a gestionar esa realidad multicultural. Precisamente y vinculándolo con lo anterior: si hay algo que todos estos chicos tienen en común son sus emociones.

Me da la sensación de que hay una confusión importante al pensar que ‘tecnificando’ el sistema educativo se zanja el problema. Es decir, el tema no se soluciona regalando un ordenador a cada niño en las escuelas públicas, como se ha hecho en Uruguay, una medida de alto impacto político-mediático. Va bastante más allá. Hay que dar la caña, enseñar a pescar y también dar las gafas necesarias para poder ver con más claridad los peces que hay en el agua. Igual de trascendente es enseñar la virtud más importante que hay que cultivar en la pesca: la paciencia.

Mientras no se piense en forma integral, holística y global, ninguna reforma tendrá el impacto que se necesita. No se puede enfocar desde el mismo punto de vista secuencial del siglo XIX.

A modo de ejemplo, esto me ha hecho recordar cómo se nos ha enseñado solfeo a los estudiantes de piano de mi infancia. Se comenzaba por supuesto con la Clave de Sol y su correspondiente pentagrama. Durante meses y meses. Hasta que en determinado momento se nos decía: “existe también algo que se llama Clave de Fa, pero donde las notas no se leen igual que en la Clave de Sol” y teníamos que trasponer las notas que habíamos aprendido para la otra clave, haciendo una especie de traducción. Y a continuación el mundo se nos caía: “ahora, las dos claves se leen a la vez y existe además una línea adicional que no se escribe a no ser necesario..”(!!) O sea: lee en un idioma y haz paralelamente una traducción simultánea para el otro. Y encima tócalo uno con cada mano.

Esta era la misma forma de enseñanza que se impartía en los siglos XVII, XVIII o XIX.

Nadie nos decía que en realidad había un sistema integrado, que abarcaba casi todas las notas del piano y que en vez de cinco líneas (pentagrama), se trataba de once (endecagrama). Algo mucho más fácil de asimilar y aprender: todo el sistema a la vez, como una escalerita, un juego de niños. Si se comprende y ‘ataca’ todo el modelo en forma integrada las ventajas son incomparables y las personas tenemos capacidad más que suficiente para ello.

El cambio en el sistema educativo trasciende el contexto tecnológico; abarca la generación y construcción del propio conocimiento, la multiculturalidad y las capacidades sociales y emocionales fundamentalmente.

Por favor no hablemos más del pentagrama. Hablemos del endecagrama.

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Y-responsable

Blog Action Day 2010: Water from Blog Action Day on Vimeo.

Primer día: atravieso el portal de mi edificio y veo un papel arrugado y tirado en el suelo. Pienso “qué poco cuidadosa que es la gente..”. Segundo día: al salir veo nuevamente el papel tirado. Pienso “qué poco cariño tienen los vecinos al lugar donde viven.. la gente es muy sucia. ¿Y qué pasa con la señora de la limpieza, es que no lo ha visto?”. Tercer día: veo una vez más el papel exactamente en el mismo lugar, en el suelo. Pienso: “¡qué poca responsabilidad! Qué guarra que es la gente! ¿Y qué cuernos hará la señora de la limpieza que no lo recoge? ¡¡Qué irresponsables!!” y sigo mi camino..

Pregunta: ¿De quién es la responsabilidad?

Respuesta: La responsabilidad es absolutamente mía. Ha pasado a ser mía desde el momento en que lo vi y no hice nada.

Cuando desde el HUB me llegó la invitación a participar del Blog Action Day 2010 (hoy, 15 de Octubre) cuyo tema este año es el AGUA http://actuable.es/blogactionday, me vino a la cabeza este ejemplo. Nada se parece más a lo que hacemos –y sobre todo: hemos hecho- con la utilización del agua.

Casi mil millones de personas no tienen acceso a agua potable. Un millón y medio de niños menores de 5 años mueren anualmente por problemas de abastecimiento de agua y saneamiento.

En este blog que trato habitualmente sobre management y temas de Coaching, mi responsabilidad es hablar precisamente sobre nuestra responsabilidad.

La responsabilidad es la habilidad de responder (respons, ability). La responsabilidad no tiene que ver con la obligación, no tiene que ver con la culpa, no tiene que ver con “éste no es mi problema”. En el caso del ejemplo del papel en el suelo, lo significativo no consiste en saber quién lo ha hecho o a quién le corresponde recogerlo. Sino quién soy yo al relacionarme con esa circunstancia. Quién estoy siendo en ese momento.

Si no somos responsables por quiénes estamos siendo, tendremos un futuro determinado por las circunstancias. Estaremos participando de lo que las circunstancias –el statu-quo del agua- determine.

He vivido más de 30 años en un país superabundante en agua de calidad. Nunca en mi vida he cerrado el grifo mientras me lavaba los dientes. Viviendo en Madrid, donde casi no llueve durante los 3 meses de verano, me enteré que cerrando el grifo mientras nos lavamos los dientes el ahorro es de casi 20 litros. Hay infinidad de maneras de ahorrar agua. Aunque parezca que no es mi responsabilidad, lo es desde el momento en que me hago dueño de los actos.

En Coaching sabemos que hay tres instancias claves para movilizarnos como personas: tomar conciencia, asumir responsabilidad y pasar a la acción. En el tema del agua se está haciendo un esfuerzo importante por divulgar información y generar conciencia. Hay muchas campañas para ello. Pero poco se hace por conseguir la responsabilidad de las personas en un tema tan relacionado con nuestro futuro. Y la responsabilidad es nuestra, no de los demás.

Lo que decimos habitualmente en Coaching a nivel individual también es válido para nosotros como sociedad: la pregunta no es qué queremos hacer, sino quiénes queremos ser. ¿Queremos ser parte de la solución? Pues asumamos la responsabilidad. Tengamos la habilidad de responder al problema del agua.

Como dice Jim Selman: “Todo de lo que no somos responsables, somos víctimas”.

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Sandías cuadradas

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“El que quiera certezas, que se muera. No tendrá una certeza mayor.” Esta frase lapidaria –nunca mejor dicho- fue pronunciada por Santiago Álvarez de Mon hace unos días en una presentación a la que asistí en el HUB Madrid. Casualmente (o no) ese mismo día, escuché los resultados de una encuesta que afirmaba que cerca del 70% de los jóvenes españoles aspiran a aprobar una oposición, es decir a ser funcionarios de la Administración Pública.

Más estadísticas. Hace dos días, Eurostat publicó los siguientes datos: más de un tercio de los españoles entre los 25 y los 35 años viven con sus padres, cifra que aumenta a más del cincuenta por ciento si se amplía la franja hasta los 18 años. Estos valores están a casi 10 puntos porcentuales por encima de la media europea y muy por encima de los países nórdicos. En Dinamarca por ejemplo, este mismo dato no llega al 2%.

La conclusión sería muy evidente: estos jóvenes encuestados quieren ser funcionarios y que mamá les cocine, lave, planche y haga sus camas hasta bien entrados en la treintena.

¿Es esto nuevo? ¿Se ha acentuado esta situación motivada por la crisis? ¿Qué expectativas representan estos datos?

Los entendidos hablan de la “Generación Y”, nacidos básicamente en la década del ’80 y atribuyen a la bonanza económica y los avances tecnológicos como responsables de la conducta de esta generación: se han criado en un entorno financieramente seguro y rodeados de confort tecnológico. Supuestamente son el recambio profesional y catalizador de las transformaciones que están viviendo las empresas. ¿Es esto coherente con los resultados de la encuesta?

No soy sociólogo y no tengo una respuesta clara para estas interrogantes. Lo que sí está claro es que las personas buscamos o intentamos encontrar certezas. La cuestión es que lo que generalmente encontramos son preguntas. Y no es cómodo hacernos preguntas, no es cómodo no saber qué va a pasar, no es cómodo vivir en la incertidumbre. Irónicamente si hay algo inmutable en la vida, en la naturaleza, es el cambio, la transformación.

Lo más paradójico de estos datos, es que estamos precisamente en la época de más cambios –en cantidad y calidad- de toda la historia de la humanidad. Y esto no es una exageración. Si miramos a nuestro alrededor la mayoría de las cosas que nos rodean y nos valemos eran una utopía o ciencia ficción hasta hace algunas décadas. ¡Algunas hace unos pocos años! Incluso nosotros mismos: hace menos de cien años tendríamos los dientes carcomidos, una simple infección a la garganta nos hubiese matado, algunos de nosotros ya estaríamos fuera de la media de la expectativa de vida y tendríamos un 75 por ciento de probabilidad de ser analfabetos.

Los cambios son de todo tipo. Hace ya varios años que existen las sandías cuadradas, algo que ha resultado fabuloso a efectos de la logística y el transporte. Nuestra capacidad de asombro va disminuyendo y quizá esto esté en la base de la conducta de la generación Y.

Sea como fuere, globalización, internet y movilidad son los paradigmas que orientan y afectan los cambios en las personas y en particular en las empresas. Y estos cambios se suceden cada vez más rápido. Cada vez más una certeza hoy es una incógnita mañana. Como dice A. Levy: “Cada vez es más tarde más temprano.”

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