Mi futuro me libera

Uno de los rasgos diferenciales del Coaching tiene que ver con la valoración del eje temporal, trabajando desde la situación actual, el presente, hacia la situación deseada, el futuro. Nuestro principal espacio de trabajo es el futuro, la meta, el objetivo, los objetivos, los sueños. A diferencia de otras disciplinas, el pasado representa básicamente una fuente de aprendizaje y reserva de recursos, no actúa como esa pesada losa que tenemos que cargar y que determina no sólo nuestro presente sino nuestro futuro.

Esto que puede parecer algo idealista, implica toda una nueva forma de pensar, un cambio de modelo en nuestro marco intelectual. Estamos acostumbrados en el mundo occidental al determinismo analítico-racional y a la búsqueda continua de explicaciones con los ojos en la nuca mirando no sólo al pasado sino a los demás, a los otros. Y es verdad que el pasado ejerce una notable influencia sobre nosotros, las personas, las empresas, la sociedad. Sin embargo lo realmente importante no es tanto lo que nuestro pasado ha hecho de nosotros sino las enseñanzas que de él hemos extraído. Pensar que estamos completamente determinados por nuestra historia y que no podemos hacer nada nos lleva a un callejón sin salida.

Casos como el de Madonna, en una familia de 8 hermanos y que se fue de su casa a los 19 años en busca de SU sueño o el de César Ritz, uno de los 13 hijos de una familia de pastores en un pueblo de menos de 100 habitantes en medio de las montañas suizas y que evidentemente no se conformó con sus circunstancias personales, nos demuestran que el determinismo es algo muy relativo. Steve Jobs o Bill Gates, provenientes ambos de familias trabajadoras de clase media, no han hecho otra cosa que perseguir un sueño, ‘seguir’ su entusiasmo, tal como lo comentan en el video que adjunto. En todos los casos el dinero vino después, fue una consecuencia, no era el objeto de sus sueños.

En nuestras vidas estamos habituados a seguir el sentido lineal del tiempo: pasado-presente-futuro y a entender el futuro siguiendo una lógica de previsión-predicción. Privilegiamos el camino pasado-presente y presente-pasado recorriéndolo una y otra vez, buscando esa explicación a la situación presente. Y en realidad debería ser exactamente al revés.

Me explico: es el futuro el que debiera orientar nuestro presente y de alguna forma determinarlo. Es el futuro, al que correspondería marcar las acciones que tenemos que hacer HOY para llegar a alcanzarlo. Es el futuro que queremos alcanzar, el que puede transformar nuestra visión del pasado.

Está claro que la única variable que podemos modificar, sobre la cual podemos actuar, es el presente. El pasado ya fue y no podemos hacer nada por cambiarlo y el futuro está por hacerse, no existe aún. Por lo tanto dependiendo de a dónde queramos llegar, las acciones que debamos hacer.

Resulta indispensable por tanto en la resolución de problemas o situaciones, preguntarnos por nuestra visión de futuro, logrando orientar la dirección de nuestras acciones, despejando los posibles bloqueos del presente y liberándonos de las anclas molestas del pasado.

Esto es aplicable tanto en el plano personal como empresarial: las organizaciones necesitan tener esa visión, esa dirección estratégica clara, que consolide y de coherencia a todas sus decisiones en el presente. Por supuesto que el entorno competitivo y la incertidumbre jugarán su papel, pero está claro que cuanto más débil la visión de futuro, más vulnerable será la empresa.

Por último, es importante señalar que no existe una orientación temporal del pensamiento más verdadera que otra. Se trata de encontrar una conjugación más eficaz, más útil y mejor adaptada al contexto de cada persona o empresa. La invitación es a tener un pensamiento más flexible para que viaje de manera diferente entre los tres espacios temporales.

Mi invitación particular es a cambiar:

De “El pasado te condena” a  El futuro te libera.

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