Pensar diferente

Flores de pensamiento

Flores de pensamiento

Para analizar la comunicación dentro de una empresa no basta con prestar atención a lo que las personas dicen, ni incluso a la forma como se comunican o se escuchan. Es igualmente importante considerar lo que callan, lo que no se dicen.

Como ya adelantáramos en el post anterior, el efecto negativo que este fenómeno tiene nos induce a preguntarnos si existe alguna forma de resolver esta dificultad, tanto para beneficio de la organización como para la de sus miembros a nivel individual.

La respuesta que se da habitualmente en cursos de desarrollo o habilidades directivas está relacionada con las formas, es decir, al “cómo” tendríamos que comunicar determinadas cuestiones para no callarnos. Esto es: decir la verdad de una manera prescripta, a través de recetas.

Sin embargo, si bien las formas son importantes, el problema no se resuelve aprendiendo simplemente a decir la verdad en forma adecuada. El meollo de la cuestión está en lo que estén pensando los (potenciales) interlocutores. El tema pasa por lo que “es verdad” para cada uno de ellos. En definitiva: si mantienen constante lo que piensan, resultará muy difícil superar esa brecha de comunicación.

La clave reside más que en la forma de decir, en la forma de pensar. Si descubriéramos que hay una manera que nos conduce a pensar diferente, quizá no tendríamos ni siquiera el problema de saber cómo decirlo.

Nuestra forma de pensar nos condiciona, puesto que nos hace interpretar lo que estamos percibiendo como “la realidad” y entre medio se interponen muchos filtros: nuestras creencias, valores, el entorno cultural, intelectual, geográfico, nuestros cinco sentidos. Es allí donde la estrechez de nuestros puntos de vista limita nuestra posibilidad de comunicación y en consecuencia de evolucionar en nuestras relaciones. Se trata por tanto de apreciar nuevos ángulos de visión para cambiar de perspectiva, lo que en Coaching llamamos re-encuadre.

Un primer re-encuadre implica desplazar nuestra mirada hacia nosotros mismos. Habitualmente nuestra atención está puesta en interpretar al otro, haciendo juicios de valor y “calificando” su comportamiento. Sería importante analizarnos, percatarnos de nuestra posición intentando mirarnos desde fuera, examinar nuestro propio comportamiento. Las personas tenemos tendencia a esperar demasiado de los demás, pero no tanto de nosotros mismos y por ello la vía rápida es señalar “culpables” en vez de encontrar nuestra cuota de responsabilidad.

Un segundo paso consistirá en un re-enfoque de nuestro interlocutor. Los demás no son como nosotros: existen diferencias que tenemos que aprender a reconocer, aceptar y legitimar. Esas diferencias no son necesariamente una amenaza y pueden ofrecer posibilidades que nosotros no estamos percibiendo. A partir de allí podremos comprender mejor las interpretaciones, suposiciones y mensajes del otro.

Se trata por tanto de relativizar las interpretaciones absolutas, tanto las que hacemos sobre las otras personas como las que tenemos sobre nuestra propia posición. Explorar, compartir, indagar, abrirse, descubrir, respetar.

Es importante aclarar que el re-encuadre no aspira necesariamente a la búsqueda de la verdad, sino a la eficacia y al avance en la comunicación, en las relaciones. Permite encontrar posibilidades que antes estaban bloqueadas o simplemente vetadas para los interlocutores.

Como ya dijera el matemático y filósofo Leibniz: “..simplemente, nuestras antiguas maneras de pensar bloquean nuestra capacidad de ver con nuevos ojos lo que es viejo.”

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