Hablo tu idioma: MIDI y PNL

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La tecnología MIDI (Musical Instrument Digital Interface), desarrollada hace poco más de 30 años, representa el hito más revolucionario en la generación, producción y ejecución de la música de todos los tiempos, sin exagerar. Fue creada inicialmente como un estándar para la interconexión entre instrumentos electrónicos, de modo que  pudiesen ‘entender y comunicarse’ unos con otros, independientemente de su marca o modelo (*).

En especial en el caso de los sintetizadores, que eran en su mayoría monofónicos o con poca polifonía, pudieron a partir de entonces interconectarse aumentando exponencialmente sus posibilidades, lo que dio lugar entre otros a la característica riqueza sonora de la música de los ’80.

El MIDI permitió, en paralelo al desarrollo de los ordenadores, la utilización de PC’s para escribir, componer y grabar música, al más alto nivel o aún sin tener la más mínima noción sobre notación musical, simplemente tocando.

Con el devenir de los años, los instrumentos musicales tradicionales como un piano acústico o una guitarra española, la propia voz –o incluso la ropa!– han podido conectarse en forma MIDI, lo que significa que pueden comunicarse y ser entendidos por cualquier otro instrumento o aparato digital.

En otras palabras: el MIDI, con su modesta conexión de ‘5 pinchitos’ y sus 16 canales (los mismos desde que fuera creado) ha logrado hacer hablar el mismo idioma a cualquier dispositivo que esté conectado. Literalmente, se trata de un traductor a un idioma universal que tiene la característica singular de estar presente cada día ‘delante de nuestras orejas’ sin que nos demos cuenta: cada vez que escuchamos una sintonía, canción,  jingle publicitario, melodía del móvil, vemos una serie o una peli. Está allí pero no somos conscientes.

¿Qué sucedería si las personas dispusiésemos de un sistema que nos permitiese conectar y entendernos mejor, ‘hablar el mismo idioma’ de forma de comunicarnos e interactuar más eficazmente?

La respuesta a esta cuestión está resuelta a través de una disciplina, la PNL: Programación Neurolingüística, casualmente desarrollada también desde hace poco más de treinta años (**). Uno de sus aportes principales es hacer entender mejor la forma de comunicarse de las personas.

De acuerdo con la PNL, a medida que nuestros sentidos recolectan la información sobre el mundo exterior, nuestro cerebro la codifica del mismo modo en que fue obtenida. Por ejemplo, cuando recibimos información visualmente, el cerebro codifica esta información como una imagen, cuando la información es auditiva, la codifica con sonidos o palabras. De tal forma, cuando recuperamos esa información, el cerebro accede al recuerdo y lo expresa del mismo modo en que guardó la información (***).

A este mecanismo se le denomina “Sistema de Representación” y surge del hecho de que re- presentamos la información. Los tres sistemas de representación más importantes son el Visual, el Auditivo y el Kinestésico (referido a sensaciones, el tacto o el movimiento).

Todas las personas utilizamos estos sistemas de representación y somos capaces de cambiar de un sistema a otro, de acuerdo con la situación que estemos enfrentando en determinado momento. Pero lo más interesante es que todos tenemos un sistema preferente, es decir cada persona privilegia un sistema de representación por encima de los otros.

Esto tiene consecuencias directas sobre nuestra forma de comunicarnos, ya que el sistema de representación preferente aflora en nuestras palabras. Si pensamos en términos de imágenes, sonidos o sensaciones, aparecerá en nuestro lenguaje (****).

Dicho de otra forma: cada vez que abrimos la boca desvelamos verbalmente nuestra forma preferente de asimilación y procesamiento de la información.

Por lo tanto si escuchamos atentamente los predicados, verbos y adjetivos que utiliza una persona podemos descubrir su sistema de representación principal. O lo que es más importante, podemos obtener un indicador significativo de cómo esa persona construye su realidad interna y en consecuencia, cómo entiende el mundo.

Esto es de enorme valor para ayudarnos a sintonizar, conectar y comunicarnos más eficazmente con nuestro interlocutor, pudiendo entenderle mejor, devolver nuestras palabras de acuerdo a su sistema de representación y en definitiva tener más probabilidad de que  la otra persona nos entienda mejor.

Los seres humanos tenemos por tanto la posibilidad de contar con nuestra propia ‘conexión MIDI’, hablar el mismo idioma, adecuando y acompasando los sistemas de representación al de nuestros interlocutores.

Adicionalmente al lenguaje, existe otro indicador muy demostrativo de los sistemas de representación: el movimiento ocular.

Si los ojos ‘son el espejo del alma’, nunca mejor dicho: la dirección de los ojos al expresarnos está correlacionada con los procesos internos y externos que revelan los sistemas de representación. Es decir, existen patrones en el movimiento ocular que permiten reconocer cómo se está procesando la información en ese momento, si en forma visual, auditiva o kinestésica e incluso si es de forma recordada o creada.

Sintéticamente (y para las personas diestras):

  • Hacia arriba y su izquierda: visual recordado
  • Hacia arriba y su derecha: visual creada
  • Al mismo nivel y su izquierda: auditivo recordado
  • Al mismo nivel y su derecha: auditivo creado
  • Hacia abajo y su izquierda: diálogo interno, generalmente en una combinación de sentidos.
  • Hacia abajo y su derecha: kinestésico.

En las personas zurdas, ocurre en el lado contrario.

Si bien podría parecer algo complicado de detectar, muchas personas ponen los ojos en posición antes de hablar, lo que genera una buena  oportunidad de saber el sistema de representación que van a utilizar.

En definitiva, tanto por las claves en el lenguaje como por los movimientos oculares, podremos acceder a los sistemas de representación de las demás personas y entablar así una comunicación y conexión más fluida, productiva y eficaz.

Lamentablemente y en una irónica analogía con la tecnología MIDI, los sistemas de representación están presentes delante nuestro todos los días sin que seamos conscientes de su existencia.

A esta altura de su desarrollo, los conocimientos, técnicas y herramientas de la PNL tendrían que formar parte de la educación formal en las escuelas. Cada vez es más necesaria una interconexión, que al igual que con el MIDI, aumente exponencialmente las posibilidades de entendimiento y creación entre las personas.

La buena noticia es que cada día la PNL se difunde más.

Por cierto… ¿eres Visual, Auditiv@ o Kinestésic@?

__

(*) La creación del MIDI también se destaca notablemente por representar un ejemplo estupendo -y precursor- del cambio de mentalidad que demanda el siglo XXI: grandes corporaciones competidoras (entre ellas Yamaha, Kawai y Roland) se sentaron en una mesa para acordar un estándar sobre el que no se reclamaran royalties, es decir, público y abierto. Espíritu de conexión y colaboración que hizo ganar a todos de una forma seguramente insospechada, en especial a los propios músicos.

(**) La PNL se centra fundamentalmente en el estudio de la excelencia y su emulación. Constituye un modelo, formal y dinámico de cómo funciona la mente y la percepción humana, cómo se procesa la información y la experiencia y las diversas implicaciones que esto tiene para alcanzar resultados. Su gran virtud es que no sólo ofrece una base teórica avanzada, sino también –y especialmente- una serie de técnicas para producir cambios personales.

(***) En otras palabras y haciendo una analogía: si escribo un texto utilizando MS Word, para guardarlo utilizo un archivo del formato Word y lo recupero mediante el mismo formato y programa.

(****) Por ejemplo si alguien emplea frecuentemente términos como aclararse, admirar, asomar, borroso, brillante, claro, destellar, desaparecer, enfocar, iluminar, imagen, mirar, ojeada, oscuro, parecer, pintoresco, presenciar, reflejar, relucir, ver, visualizar o utiliza las expresiones como un buen vistazo, me parece, vista de pájaro, alcanzar a ver, visión despejada, visión panorámica, visión de futuro, coincidir con la mirada, poner en perspectiva, idea borrosa, a la luz de, en vista de, a simple vista, dar una imagen, evidentemente, mira si te va bien, echar una ojeada, bien definido, etc. nos dan una clave importante (llamadas Marcadores Lingüísticos) acerca de que su sistema preferente es el Visual.

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Protocepto

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“A pesar del sistema educativo, seguimos siendo creativos”, enuncia Clara Kluk, experta en entrenamiento creativo y responsable desde hace varios años de toda la estrategia de cambio de cultura e innovación en Coca-Cola Company. Luego de haber tenido el privilegio de asistir a un taller de dos jornadas con Clara, puedo afirmar que algunos mitos y verdades sobre la creatividad quedan muy claros, valga la redundancia…

Una de esas verdades no siempre expresadas, es que la gran creatividad no equivale a tener muchas ideas, ni siquiera buenas ideas. La auténtica creatividad consiste en detectar y descubrir cuál es el (verdadero) problema y a partir de allí transformarlo en ideas que aporten soluciones.

El tema es que cuando identificamos un problema, en general no se trata de ‘el problema’. Si digo que necesito un taladro con una broca de 10mm, en realidad lo que necesito es un agujero de 10mm.

Los problemas van asociados a una necesidad, que surge de la diferencia entre una realidad que tenemos y una que queremos. Esa ‘distancia’ representa la magnitud del problema y entraña los posibles caminos que tenemos para acercar ambas realidades, la actual y la deseada. La clave por tanto es identificar cuál es la necesidad y de allí, la determinación del problema o los problemas conexos.

Asociamos en general creatividad con lluvia de ideas (brainstorming), trabajar con muñequitos, plastilina o ir al medio del campo o la playa para inspirarnos. Según Clara, esto es una parte muy poco representativa del proceso creativo. Lo importante es precisamente eso: el proceso. Un desarrollo que en realidad es muy racional y que requiere de mucho esfuerzo y perseverancia. ¡La creatividad implica un gran trabajo racional!

Para los grandes creadores, esto no es nuevo. Ya lo manifestaba Picasso en su famosa frase: “cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando” o las tan referidas a la proporción entre transpiración e inspiración de varios autores.

Precisamente -y a priori de forma sorprendente- la creatividad mayor no se da en el arte, sino en la ciencia y el ámbito militar, donde más protocolos, rigurosidad y disciplina metodológica existen. Y donde esa creatividad genera más impacto y se implementa, esto es, se convierte en innovación.

En este punto, conviene señalar la diferencia entre creatividad e innovación, conceptos que muchas veces se utilizan indistintamente y se confunden.

La creatividad es la facultad de crear, esto es, de introducir por vez primera algo, de dar una nueva respuesta, de hacer algo diferente. Capacidad que todos tenemos y que se manifiesta con mayor naturalidad de pequeños (como casi todas nuestras capacidades). La innovación por su parte, es la aplicación de esas nuevas ideas, conceptos o productos. Es la concreción tangible y sobre todo, apreciable por otra persona o personas. Si no hay apreciación de valor, no es innovación. Es el receptor de esa innovación el que tiene el poder de juzgarla y definirla como portadora –o no- de valor diferencial.

Leonardo Da Vinci fue una de las personas más creativas y visionarias en la historia de la humanidad, pero no fue innovador: sus creaciones y visiones no se concretaron ni fueron apreciadas y tampoco tuvieron impacto en el momento en que vivió. Thomas Edison sí lo fue.

Es verdad que para fomentar la creatividad es necesario un determinado clima y factores que puedan ayudar a aflorarla, en especial los que contribuyan a combatir la rutina y la ausencia de experimentación, los grandes enemigos de la creatividad. Pero no la ausencia de reglas o procesos. Muy por el contrario, para hacer una buena lluvia de ideas por ejemplo, se necesita de reglas claras, en especial de dos: i) diferir el juicio sobre las ideas generadas y ii) cuanto más ‘disparatadas’ y en mayor cantidad, mejor. La regla es que no hay regla para proponer una idea. A partir de allí deberá haber otro proceso para converger las ideas, analizar soluciones y generar un plan de acción. En definitiva: hay que seguir trabajando y trabajando, como parte del proceso.

En el proceso creativo todo tiene su momento. También para equivocarse.

No pocas veces escuchamos decir que las organizaciones más innovadoras y con más éxito son aquellas que permiten a sus miembros equivocarse, en otras palabras, que “el error es una perla”. Ojo.  Puede existir la tentación hacia el facilismo de que el error es bienvenido siempre y esto puede acarrear un gran coste.

Lo pertinente es cuándo se puede cometer el error y la magnitud de la consecuencia.

Por ejemplo, a la hora de sacar un nuevo producto, la tendencia ha sido tradicionalmente la de planificar, planificar y planificar, invirtiendo mucho tiempo y recursos de modo de minimizar el error a la hora del lanzamiento final. Un tropezón a esa altura sería muy caro.

En la actualidad regida por la volatilidad, la incertidumbre y la complejidad, la estrategia concebida como planificación y previsión, ha cobrado otro sentido. Muy contrariamente a la estrategia anterior, las empresas punteras en innovación prueban sus ideas cuando aún están muy verdes, refinándolas en pequeños saltos incrementales, minimizando el daño por el error y contrastando cada avance. Este proceso ha da lugar a un nuevo término: el protocepto, esto es un prototipo que se mueve en el plano de la idea, del concepto y se testea como tal.

Autores de vanguardia como Tom Peters definen este concepto en una frase: “Falla pronto, aprende pronto y repáralo pronto”. Lo complicado en todo caso no es fallar pronto, sino las otras dos fases, la de aprender rápido  y sobre todo el solucionarlo rápido.

En otras palabras: falla pronto y falla bien.

Algo que no siempre estamos dispuestos a aceptar, ¿o si?

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Metamorfosis o el viaje sin retorno

crisalida

Está claro: para pasar de gusano a mariposa hay que ser crisálida. La transformación requiere de ese tiempo, de esa experiencia, de ese nuevo entorno intermedio. Esto se aplica tanto a las orugas, como a las personas, a la economía o a la sociedad.

España, hace no demasiados años, era un país colmado de nuevos ricos. Hoy, es un país pleno de nuevos pobres.

Las interrogantes entonces giran en torno a si este estado durará, cuánto durará, cómo será el resultado de la evolución y algo aún más básico: si habrá evolución.

No somos pocos los que pensamos que esta crisis tiene poco que ver con la economía y que sí está relacionada con algo bastante más profundo y a la vez simple. Tiene que ver con los valores.

En todo caso la economía, esta disciplina que yo denomino travesti, está originada por la psicología de las personas, algo que algunos autores han denominado psiconomía. Por tanto, la crisis económica no es más que una expresión de una crisis de valores. Es un síntoma.

Todo síntoma viene de una enfermedad y como muy bien expresa Alex Rovira: “La enfermedad es casi siempre una somatización de algo no verbalizado que el alma quería gritar”.

En este caso: hemos comprado con el dinero que no teníamos casas y bienes que no necesitábamos. Y lo que es peor: para demostrárselo a gente que no nos interesaba.

He estado recientemente en Uruguay y me pareció volver a ver una película. El paisito se está llenando de nuevos ricos, nuevos hiperconsumistas y nuevos cuatroporcuatro-ostentadores. Con el agravante de que la otrora “Suiza de América” está justamente en Latinoamérica, es un país hiperdependiente de sus queridos hermanos mayores y presenta una fractura social que sigue marginando, ahora en forma subvencionada, a una parte de la población que no tiene el más mínimo interés en integrarse. Taciturno destino a la vuelta de la esquina.

En definitiva la crisis de valores es de alguna forma, una crisis de consciencia. Una crisis del ‘no darse cuenta’. No darnos cuenta de que lo único constante y permanente a lo largo de la historia es precisa –e irónicamente- el cambio. No darnos cuenta de que el mundo YA ha cambiado.

El desafío del cambio es que cuanto más nos resistimos, más tiempo y energía nos consume y más dolor nos produce.

El cambio es la contracara del apego. Si le tenemos apego hasta a un mueble o un adorno, cómo no tenérselo a determinados conceptos y creencias. Concepciones tan perimidas como “la izquierda” o “la derecha” políticas, demostradamente ineficaces y obsoletas las seguimos esgrimiendo, escuchando y dogmatizando. ¡Claro!

En el mundo laboral, muchos se han desayunado con un sms que el ‘empleo para toda la vida’ ya no corre más. Que la vida profesional se mide cada vez más por proyectos, que no por empleos. Hasta no hace mucho se decía: “piensa global y actúa local”. Ahora: Piensa global y local, actúa global y local.

Repito: el mundo YA está en viaje. Y el billete es sólo de ida.

Google, Facebook, Twitter o LinkedIn en realidad son la punta de un iceberg de ese mundo que ya va en un sentido diferente al anterior. Conceptos como el crowdfunding, crowdsourcing o el ciberactivismo nos dejan claro por ejemplo que “los hombres de negocio” –peyorativamente hablando- han de desaparecer y que el futuro pertenece a los buenos emprendedores. Y que para crecer, la senda actual es la de la colaboración, no la de la competencia; la de buscar la verdad y no la de ‘tener razón’.

Probablemente, el tiempo que estamos viviendo sea de mutación, de cambio profundo, de renacimiento. Ojalá estemos dentro de la crisálida que nos haga sentir incómodos, apretados, molestos y llenos de sustancias nuevas. Ojalá lleguemos a desplegar las alas.

Hoy tenemos que decidir qué otro ayer queremos mañana.

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