“Una monedita por favor…”

mano pidiendo

Si después de haber acompañado a más de doscientas personas en programas específicos de recolocación y emprendimiento, me pidieran un solo consejo para poder ser efectivo en la búsqueda de oportunidades profesionales, diría: No pidas limosna. Por favor.

Y es que no paro de escuchar y también ver en redes sociales personas que literalmente dicen: “si sabes de algo..”, “si me pueden ayudar…” “agradecería que me echaseis una mano…”, viniéndome en cada una de estas frases la imagen de una mano extendida pidiendo limosna.

Por supuesto nos encantará y nos favorecerá que nuestra red de contactos sepa de oportunidades, nos pueda ayudar o “eche una mano”. No se trata de eso. Tiene que ver con una cuestión actitudinal.

Olvidamos que cuando estamos en búsqueda de empleo –por cuenta ajena o propia- lo que estamos es ofreciendo nuestro valor diferencial. Repito: estamos ofreciendo. No pidiendo.

Esta es la cuestión fundamental, en donde ‘Juan Empresa’ o ‘Juan Cliente’ nos contratará sí y solo sí el valor que le proporcionemos, ofrezcamos, sea -bastante- superior al salario o precio que nos pagará. Así de sencillo.

Sencillo de comprender, pero más sutil en la práctica, dado que es el valor que Juan Empresa perciba que le vamos a proporcionar, el que decida si nos contrata.

De allí la primera gran lección en estos procesos: si nosotros no somos conscientes, no sabemos cuál es ese valor o si lo somos pero no lo sabemos transmitir, difícilmente Juan Empresa lo perciba. Ergo, difícilmente nos contrate.

No me olvido de la segunda palabra clave mencionada: diferencial. Necesitamos igualmente ser los primeros en saber qué nos diferencia del resto, por qué me elegirían a mí y no al siguiente en la lista a entrevistar. Para ello lo mejor es dejar de lado los propios prejuicios y humildades mal entendidas así como poner el foco en lo que hemos hecho y logrado y sobre todo en cómo lo hemos conseguido. En nuestras capacidades, talentos y recursos.

En mi experiencia, quizá sea éste el punto de más complejidad, algo ya analizado en un post anterior.

No ser conocedores sobre quiénes somos, sobre nuestros recursos, aptitudes y dones nos impide ver o distinguir nuestro valor diferencial y por ende no nos permite transmitirlo.

Por ello seguramente en buena medida pedimos y no ofrecemos.

El punto de inflexión se dará cuando suceda lo contrario, cuando conectemos con nuestro valor diferencial y estemos orgullosos de contarlo.

No solo a Juan Empresa, también a nuestra red de contactos y a la sociedad, al igual que en la frase de John Kennedy (*), les encantará saber qué puedes hacer por ellos. Qué ofreces. Con orgullo. Desde el minuto uno, desde el primer contacto.

Así como todos somos únicos, nuestro valor también lo es. Si te cuesta verlo, una pista: el valor diferencial está en las cosas que nos gusta hacer y que hacemos por tanto sin esfuerzo. En eso consiste el talento.

No pidas limosna, no pidas una moneda. Si te cuesta cambiar de actitud, recuerda: al final del día, la monedita estará generada por ti.

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(*)“No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país.” Inaugural Address of John F. Kennedy 20/1/1961

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