‘Busyness’

watch_fernando notaro

Si dispusiéramos de un ‘quejómetro’, una de las quejas con más puntuación, por lo frecuente, sería la de la falta de tiempo. Todos, sin excepción, nos quejamos de que el tiempo no nos da, no llegamos, no hacemos todo lo que quisiéramos. El tiempo es el gran culpable.

Una respuesta a esta queja puede ser: La falta de tiempo no existe. Lo que existen son las prioridades. El tema pasa por tanto en cómo establezco o defino esas prioridades, algo no siempre sencillo ni evidente.

Ya los expertos en gestión del tiempo nos hablaban del famoso cuadrito con dos variables: “lo importante” y “lo urgente”, donde lo que marca la prioridad es lo importante, no lo urgente. Es decir, el segundo cuadrante en prioridad -luego del “importante y urgente”- es el “importante pero no urgente”, cuando la tendencia natural es a priorizar lo “urgente y no importante”.

La fundamentación que está detrás es que si no priorizo lo importante, aunque no sea urgente, terminará convirtiéndose en urgente, con lo cual pasa a ser un incendio a sofocar.

Sea como fuere, al final la decisión dependerá de lo que valore y decida qué es importante, no exento de subjetividad.

Una respuesta complementaria es la que nos dan Jim Loehr y Tony Schwartz (*), dos autores que han trabajado e investigado durante más de 30 años en cómo obtener el máximo desempeño y rendimiento, primero con deportistas de élite y luego en el ámbito empresarial, donde la falta de tiempo es el pan de todos los días.

Como resultado de nuestra actividad, cada vez nos encontramos más agotados, agobiados, desacoplados y la manera de contrarrestar que adoptamos tradicionalmente es la de invertir más tiempo. El problema es que el tiempo es un recurso limitado: sólo tenemos 24 horas en un día y 168 a la semana, ni un minuto más. La falta de tiempo no existe, pero el tiempo sí es finito.

En contrapartida, los autores alegan que la única forma de hacer más en el mismo tiempo es apelando a otro recurso: la energía, que sí puede ser renovable.

La gestión de la energía es la contracara de la gestión del tiempo.

La energía se encuentra dentro de nosotros y es expandible; el tiempo, por su parte, es un factor externo y es finito.

Loehr y Schwartz nos dicen que a diferencia de un motor convencional, el origen de la energía en los seres humanos no proviene de una sola fuente, sino de cuatro, cada una de ellas necesaria, ninguna de ellas suficiente por si sola y cada una influencia sobre las demás. Literalmente como una pirámide.

Pensando en esa pirámide, de abajo hacia arriba, las cuatro fuentes son el cuerpo, las emociones, la mente y el espíritu. En donde cada una puede ser ampliada y renovada de forma sistemática y cada una de ellas está asociada a una cualidad: el cuerpo (la energía física) a la cantidad, la energía emocional a la calidad, la energía mental a la atención y la energía espiritual al propósito.

Más allá de las fuentes de energía, en lo que más insisten los autores es en la necesidad de balancear el gasto de energía con la renovación de la misma. Debido a que la energía disminuye tanto con el uso excesivo como con su infrautilización, debemos aprender a gastar y renovar la energía rítmicamente, en lo que los autores llaman oscilación.

Toman como referencia a los velocistas: deportistas que suelen mirar poderosos a la meta, llenos de energía y con ganas de empujarse a sí mismos a sus límites. Darán todo. Y la explicación es simple. No les importa qué tan intensa es la demanda que enfrentan, saben que a 100 metros detendrán ese esfuerzo.

Nosotros, también podemos aprender a vivir nuestras propias vidas como una serie de sprints totalmente dedicados por períodos de tiempo, para luego desacoplarnos completamente y buscar la renovación antes de saltar de nuevo a la palestra para hacer frente a cualquier reto que nos demande la realidad.

La propia Naturaleza tiene un pulso, una rítmica, un movimiento ondulante entre la actividad y el descanso: el flujo y reflujo de las mareas, el movimiento entre las estaciones, el levantamiento y puesta diaria del sol. Los seres humanos también somos guiados por los ritmos. Empezando por el del corazón.

¿Y cómo incentivar esa oscilación? A través de lo que denominan rituales: rutinas específicas para gestionar la energía. Los rituales son esenciales para lograr esa oscilación, son el medio para que se desarrolle y genere la ‘desconexión’ necesaria entre un período de carga y uno de descarga.

Nuevamente tomando el deporte como referencia, los autores sacaron sus conclusiones observando e investigando especialmente a los tenistas exitosos: descubrieron que entre los puntos de cada juego lograban realizar pequeñas rutinas (dar pequeños saltos, limpiar la línea, acomodarse la ropa o el pelo -o todas las que hace Rafa Nadal!), de forma generalmente inconsciente, lo cual les permite desconectar, esto es, bajar sus pulsaciones y concentrarse.

Los tenistas logran en un período de entre no más de 15 a 20 segundos reducir unas 20 pulsaciones por minuto. Llevado esto a la duración de un partido, que puede ser de varias horas, los deportistas que no logran dicha reducción se encuentran en clara desventaja, sufriendo un desgaste mucho mayor.

Lo interesante del concepto de ritual, es que subraya la idea de un comportamiento estructurado, cuidadosamente definido y que utiliza muy poca energía consciente. En contraste con la voluntad y la disciplina, que requieren empujar a uno mismo a un comportamiento en particular, un ritual tira de ti.

Pensemos en algo tan simple como cepillarse los dientes. No es algo que normalmente haya que recordar que deba hacerse, cepillarse los dientes es algo que hacemos por su claro valor para la salud y en gran medida en forma de ‘piloto automático’, sin mucho esfuerzo o intención consciente.

En un mundo de creciente demanda y exigencia, las personas tendemos a trabajar más horas, no sólo en los puestos de trabajo sino también fuera: pasamos más tiempo atados a dispositivos digitales, enganchados a las problemáticas y situaciones laborales y teniendo menos tiempo para reflexionar, renovar y establecer esas mismas prioridades que nos ayudarán a gestionar el tiempo.

Somos los campeones del “busy-ness”, del estar cada vez más ocupados, demandados, agobiados. Campeones del desgaste, a nivel físico y emocional. Aún en la desocupación: en ese caso, es la incertidumbre quien más nos demanda y agobia.

La buena noticia es que cada uno de nuestros pensamientos, conductas y emociones tienen una consecuencia directa sobre el nivel de energía, para bien o para mal y por lo tanto mediante un manejo hábil de la energía podemos incidir en el rendimiento, la salud y también la felicidad, por supuesto.

El verdadero enemigo no es por tanto la falta de tiempo, ni el esfuerzo (el cual es necesario para estimular el crecimiento), sino la ausencia de una intermitente y disciplinada recuperación de energía, a través de las 4 (¡cuatro!) fuentes de abastecimiento.

Recuperar la energía es tan importante como gastarla. Date permiso para la oscilación. Construye tus propios rituales.

Dile ‘no’ al busyness. Mejorará tu business.

(*) Los argumentos y conceptos de Jim Loehr y Tony Schwartz están recogidos en el libro “The Power of Full Engagement”, (Tony Schwartz) y en un excelente paper editado por Harvard Business Review, llamado “The Making of a Corporate Athlete”

Post to Twitter Post to Facebook Post to Google + Post to LinkedIn