Patas Escamosas

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La ‘Madre Naturaleza’ es la campeona en ofrecer ejemplos que siguen dejando a los biólogos con la boca abierta.

Uno de los más recientes es el Crysomallon Squamiferum o más conocido como el Caracol de Patas Escamosas, descubierto en el año 2001 en las profundidades del Océano Indico. “Patas Escamosas” es el único ser vivo conocido a día de hoy que ha incorporado el metal como parte de su organismo. Concretamente, su cuerpo está reforzado con escamas de hierro y la capa exterior de su caparazón está hecha de sulfuros de hierro. En otras palabras: es un caracol enchapado en hierro y otros metales.

Para entender a este gastrópodo, hay que conocer su contexto: vive a casi 2500 m de profundidad, en las bases de las ‘chimeneas negras’, unos conductos que expulsan agua hidrotermal a más de 80 °C, mezclada con gases y partículas con altos niveles de minerales que contienen azufre y sulfuros.

Las características de Patas Escamosas le permiten no sólo soportar la altísima presión que existe a esas profundidades, sino que le hacen más resistente y eficaz a la hora de frustrar los ataques de los diversos depredadores que le quieren comer.

Este caracol de metal ha adaptado las adversas y tóxicas circunstancias de su entorno a si mismo, las ha incorporado, literalmente.

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Patas Escamosas no representa una metáfora: es un excelente ejemplo de lo que el escritor George Bernard Shaw diría un ser no razonable: “La gente razonable se adapta a las circunstancias. Las no-razonables adaptan las circunstancias a sí mismos. El progreso depende por lo tanto de las personas no-razonables.”

La cuestión es que somos en general razonables y nos adaptamos a las circunstancias. Si llueve, existen al menos tres alternativas de respuesta para adaptarme a la lluvia: i) no salir y quedarme en casa, ii) salir con poco abrigo, mojarme y pillar un resfriado y iii) abrigarme, ponerme botas, llevar paraguas y no mojarme. Sin embargo existe una cuarta alternativa, que es ponerme a vender paraguas en la esquina, esto es, adaptar las circunstancias a mi favor. Un verdadero homenaje a Patas Escamosas.

En realidad, la gran diferencia -y ventaja comparativa en relación a este molusco-, es que el ser humano tiene la facultad de elegir. Especialmente la de elegir su actitud. Como nos ha enseñado Viktor Frankl en sus observaciones a partir de su experiencia como prisionero en los campos de concentración nazis: aún en las peores circunstancias las personas podemos elegir nuestra actitud.

Elegir la actitud no implica facilidad, pero al menos es el mayor grado de libertad que gozamos los animales humanos. Y no siempre somos conscientes de ello, más bien al contrario, nuestra actitud obedece en general a respuestas inconscientes provenientes de todo lo que conforma nuestro ‘sistema operativo’: valores, creencias, paradigmas, emociones…

Una de las claves por tanto es traer al consciente esa capacidad, la de elegir. La de ser Patas Escamosas y no ser víctimas de las circunstancias.

Para ello, un paso importante es hacer precisamente como los biólogos. La biología (*) fue una de las primeras disciplinas en obligar a dejar de lado el modo binario de pensamiento, ya que los biólogos se vieron en la necesidad de pensar en términos de totalidades, de sistemas. El estudio de los seres vivos exige centrarse en las interacciones de los elementos más que en los elementos aislados.

Para comprender las circunstancias es necesario un pensamiento sistémico. Liberarnos de la ‘dictadura bicolor’ cartesiana: verdadero/falso, normal/anormal, tesis/antítesis, maestro/alumno, hombre/mujer, dirigente/dirigido, patrón/empleado, víctima/protagonista, izquierda/derecha, yo/ellos.

Integrando y conjugando dos aspectos aparentemente contradictorios, podemos llegar a la complementariedad para conformar un muestrario de colores y oportunidades.

Nuevamente el ejemplo de Patas Escamosas y su vecindario: La vida se ha considerado tradicionalmente como impulsada por la energía del sol, sin embargo las zonas de ventilación hidrotermales -sin acceso ni remotamente a la luz solar- en comparación con el fondo del mar circundante, ¡tienen una densidad de organismos 10.000 a 100.000 veces mayor!

Seguramente éstos sean ‘bichos raros’ como nuestro caracol protagonista, pero han logrado lo que muchos animales humanos no estamos alcanzando: transformar(nos) de forma creativa para conciliar o reconciliar las circunstancias y contradicciones inherentes a nuestra propia naturaleza.

Hay mucho para aprender todavía de los bichos.

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(*) El biólogo austriaco Ludwig von Berthalanffy a mediados del siglo veinte fue quien planteó la Teoría General de Sistemas (TGS). La TGS propone una terminología y unos métodos de análisis que se han generalizado en todos los campos del conocimiento y están siendo usados extensamente por otras disciplinas tan diversas como la Física, las Ciencias Sociales, la Cibernética o la Comunicación.

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