Cambiar la forma de cambiar

funambulista_6

Los taxistas son fuente de sabiduría…y también de enojo. Aunque podría hablar bastante sobre lo segundo, me referiré en este post a lo primero.

En estas épocas, al subir a un taxi en España lo ‘normal’ es escuchar la queja, acerca de la crisis, los políticos, la gente que cada vez gasta menos y las empresas que ya no utilizan taxis. Sin embargo, siempre hay una excepción.

Hace unos días un taxista me dijo textualmente: “Yo me estoy hinchando a hacer viajes”. En una primera reacción pensé que me lo decía en forma irónica, aunque a medida que continuaba hablando, me di cuenta que era en serio, así que por supuesto le pregunté: ¿Y cómo lo haces? “Muy fácil, me dijo, ¿no ves que todos los taxis están estacionados en las paradas? Pues yo no paro. Yo no hago una cola de varias horas en la T4 o en las otras terminales o en Atocha para hacer un viaje de unos 20 ó 30 euros con suerte: yo doy vueltas por la ciudad. Y no paro de levantar pasajeros. Aunque haga viajes de 5 u 8 euros, en esas mismas horas hago mucho más que si parara y compensa por lejos el gasto de gasóleo.”

Tal como decía Einstein, precisamente al hablar de crisis: No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. Si quieres resultados diferentes, haz algo diferente.

La cuestión en todo caso es qué es lo que hace que no hagamos algo diferente. ¿Por qué todos los taxistas paran, cuando podrían hacer lo mismo que este conductor que “se hincha a hacer viajes”? O dicho de otra forma: ¿por qué siguen parando (y cada vez más) si cada vez ganan menos?

Por algo que en teoría de sistemas (y en biología) se llama homeostasis o estabilidad dinámica.

La homeostasis (del griego homeo: similar y stasis: quieto, posición, estabilidad),  representa un conjunto de fenómenos de autorregulación que conducen al mantenimiento constante del sistema. Son las acciones auto-correctoras frente a factores externos o internos, que permiten mantener el equilibrio. Esto es, son los cambios en el sistema que permiten mantenerlo en su mismo estado.

Es lo que hace un equilibrista, un funambulista, para mantenerse en pie.

En el caso de los taxistas, es ‘quedarse quietos’ y gastar menos frente a la menor demanda de viajes. Gano poco entonces hago poco.

Los cambios homeostáticos son fruto de una adaptación que se va haciendo a medida que surgen las situaciones y problemas, asegurando en principio la permanencia del sistema.

Hoy en día, está claro que con adaptarse ya no basta. De hecho, el ‘adaptarse’, en sentido estricto,  es precisamente lo que hace que el sistema no avance y no mejore.

Se necesita por tanto cambios que modifiquen, que transformen esa homeostasis. Se necesita cambiar nuestra forma de cambiar.

Se requieren cambios cualitativos, más que cuantitativos. El tema es que a menudo es más simple hacer ‘cada vez más’ (o ‘cada vez menos’ como en el caso de los taxistas), que ‘cada vez mejor’.

Es necesario un nuevo espíritu, una nueva forma de apreciar la realidad y ello sólo es posible si se transforman las premisas, las hipótesis de base o las creencias de los agentes del sistema: un cambio de mentalidad. Algo que por cierto no es nuevo ni original y que no sucede por acción espontánea ni por decreto.

Como dice Gary Hamel, ya no estamos más en la economía del conocimiento, estamos actualmente en la economía creativa y eso requiere cambios significativos en la manera de pensar.

Es nuestra forma de pensar la que puede lograr el cambio evolutivo, que no el adaptativo. Y para ello hay que tomar consciencia acerca de la importancia de cómo pensamos y cómo percibimos la realidad. Allí está la clave de la salida: sólo podemos percibir la realidad desde nuestro punto de vista y ello la hace absolutamente parcial y limitada.

No se trata de defender un ingenuo optimismo (no todo se puede) ni de optar por un pesimismo constante (no está ‘todo’ mal). Se trata de entender que al percibir únicamente la parte limitante de la realidad limitaremos nuestras posibilidades, de la misma manera que al percibir sólo la parte optimista corremos el riesgo de sufrir desilusiones y frustraciones.

Es necesario un reencuadre. Cada día con más urgencia. Reencuadre del punto de vista, reencuadre del sentido que damos a las cosas y reencuadre del comportamiento que tenemos.

Hay que dejar de ser funambulistas. Como el Sr. Taxista: dejar de estacionarse en las paradas y salir al encuentro de la posibilidad.

Post to Twitter Post to Facebook Post to Google + Post to LinkedIn