Síndrome ¿postv(o)cacional?

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Sota, Caballo, Rey.  Todos los años lo mismo. En estos días y por estas latitudes no nos libramos de escuchar los consejos y recomendaciones para sobrellevar el ‘inevitable’ síndrome postvacacional. Un proceso de estrés acerca del cual no hay consenso sobre la adjudicación a la categoría de enfermedad y que responde claramente a la re-adaptación a las obligaciones laborales (o incluso académico-escolares).

Síntomas habituales: irritabilidad, insomnio, tristeza, desmotivación, falta de concentración, desidia, hastío…

Recomendaciones habituales: comienzo gradual del trabajo (por lo más grato y más sencillo), dormir más, hacer más deporte, mayor vida social y familiar, pensar en las siguientes vacaciones…

Carlos Gil, director del programa Gestiona Salud de GestionaRadio, me invitó a conversar sobre este tema:2012_09_07_11_gestionaradio_fernandonotaro(*)

Según un informe de Ranstad, en España casi la mitad de las personas que retornan a su trabajo sufren este síndrome, aunque este año, ese porcentaje bajó 14 puntos respecto del año anterior. Curioso. O elocuente.

Un dato más nos invita a la reflexión: a mayor edad el porcentaje de afectados se incrementa.

Yo diría que la cuestión más inquietante es que todos conocemos no pocas personas que sufren de este síndrome todos los lunes. O incluso todos los días.

En todo caso, para todas estas personas su aflicción, su estrés, proviene de la adaptación a una realidad que no concuerda con sus expectativas. Dicho de otra forma, su salario emocional es muy bajo.

Uno de los factores que más incide en la depreciación de ese salario emocional es la no concordancia entre lo que se quiere hacer (lo que me gusta) y lo que efectivamente se hace (lo que hago todos los días).

Las personas que hemos intentado sostener multi-vocaciones sabemos muy bien el coste que eso conlleva, las frustraciones que puede aparejar y los miedos que hay que gestionar.

Lamentablemente, en el plano profesional postergar aquello que nos gusta hacer es demasiado frecuente y a veces ni siquiera nos planteamos la posibilidad de alcanzarlo o hacerlo. Y por ello pagamos un coste que se refleja en ese estrés semi-permanente, que seguramente tenga poco que ver con la ‘vuelta al cole’.

No es que me cuesta volver al trabajo, sino, volver a ‘este trabajo’.

Por tanto, sería más acertado hablar de síndrome postvocacional, entendiendo el prefijo como proveniente de postergar.

Como siempre, hay buenas noticias: estamos a tiempo. El sólo hecho de plantearme si lo que hago es lo que quiero hacer ya implica un movimiento de timón. Y todos sabemos que aunque mueva el timón tan sólo dos grados, puedo en un lapso determinado, llegar a otro continente.

No esperes: mueve el timón.

(*) Emitido el viernes 7 de septiembre.

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