Preguntas y Feedforward

Tengo el privilegio de haber vivido en Cataluña y en Madrid. Tengo el privilegio de haber trabajado y seguir trabajando en Cataluña y en Madrid. Tengo el privilegio de poder percibir esas realidades desde dentro. Y mi condición de extranjero me dan el privilegio de tener ojos –algo más- neutrales para haber captado las realidades y por ende tener las percepciones que tengo.

A principios de 2009 viví la siguiente experiencia (*): un futuro alumno de la flamante escuela de hostelería suiza instalada en la ciudad catalana de Tortosa completaba un formulario para pre-inscribirse. En determinado momento, se detiene y queda pensativo mirando el campo que le tocaba rellenar. Observo, por si algo no estuviese claro y en ese instante el alumno se gira hacia su madre que le acompañaba: “mama, ¿aquí que pongo?”, la madre mira el campo en blanco y le responde “español, hombre”. Ese chico tenía 18 años y por supuesto el campo a rellenar era el de ‘Nacionalidad’.

Más que afirmaciones o análisis, lo que me surgieron fueron preguntas, en especial la más obvia: ¿Cómo es que un chico ya mayor de edad no sepa qué nacionalidad tiene?

Seguro que hay muchas respuestas. Y el análisis de esas respuestas es una parte muy importante que hay que hacer.

Lo que a mi como profesional de la transformación y la facilitación me llama, me interpela esta realidad, es a contribuir, a aportar valor no desde el análisis sino desde otro lugar. Desde el lugar que sabemos que puede mover hacia delante.

Uno de ellos es a través de la pregunta. El mismo instrumento que utilizaron Schuman y Monnet para fundar los cimientos de la actual Unión Europea. En su caso, después de dos guerras mundiales y millones de muertos, ‘simplemente’ plantearon: ¿Cómo podemos hacer para que Alemania y Francia no entren nunca más en guerra?

Casi setenta años después, difícilmente alguien pueda pensar que Alemania y Francia vayan a enfrentarse en un conflicto bélico. Schuman y Monnet no tienen el mérito de haber encontrado una respuesta, sino de haber formulado la pregunta adecuada.

El tema no pasa por quedarse en la proclama o buscar la respuesta “correcta”. Es hacer(nos) las preguntas correctas, que apelen hacia la construcción y el encuentro.

Algunas como las que siguen:

  • ¿Cómo hacemos para que todas las voces se escuchen por igual y en forma inclusiva?
  •  ¿Cómo hacemos para no pensar en “blanco y negro”, en “ellos y nosotros”?
  • ¿Qué es necesario para que en vez de hablar de líneas rojas, se hable de líneas de encuentro?
  •  ¿Cuáles son los espacios de encuentro? ¿Qué se necesita para alcanzarlos?
  •  ¿Cuál es “el sueño detrás de la queja” que no estamos escuchando?

Preguntas que también apunten a la responsabilidad individual:

  • Lo que pienso, digo -a mi mismo o a otros- o lo que hago, ¿apoya la conciencia y la comprensión o por el contrario, contribuye a estar más polarizados?
  •  ¿Cuál ha sido –y es- mi contribución, por ínfima que parezca, para haber llegado a esta situación?
  • ¿Cuál puede ser mi aporte para solventarla?

Y en especial:

¿Cuál es la pregunta que como sociedad responsable necesitamos sostener?

Quizá las preguntas planteadas no sean ni las mejores ni sean suficientes. Lo que es seguro es que se necesitan ‘otras’ preguntas a las habituales y a las que nos han llevado a este punto de la historia.

A su vez, el feedforward (**), es una de las herramientas más sencilla y potente que ayuda a focalizarse en el futuro, en el cambio, en la solución. Consiste esencialmente en dar sugerencias, aportar ideas.

A modo de ejemplo y pensando en alguna de las preguntas planteadas, a mi se me ocurren especialmente dos:

  • Fomentar el intercambio en los colegios de toda España de los alumnos entre las diversas Comunidades y regiones. Poder vivir la experiencia, compartir aulas y cultura. Entender y tomar consciencia desde dentro, no leyendo un libro o mirando la tele.

Los colegios promueven el pasar unas semanas en lugares diversos como Francia, Irlanda o Polonia para imbuirse de otras culturas y aprender idiomas. ¿Por qué no hacerlo aprovechando la riqueza y diversidad maravillosa que tiene España? ¿Por qué no vivir otras realidades que también forman parte del mismo país?

  • A su vez, poder aprender las lenguas cooficiales en algún momento de la etapa escolar, en toda España. Esto es, que como algo natural los niños vivan y aprendan en algún curso escolar las lenguas que también se utilizan en otros lugares de su mismo país.

En efecto, si consideramos que esos lugares son parte de un mismo país, ¿cómo es posible que no aprendamos siquiera los fundamentos de cada una de esas lenguas? ¿Cómo hacer posible por tanto que se sientan como propias?

Muy probablemente estas ideas rechinen. Es lo normal si pensamos utilizando el mismo paradigma o modelo mental que nos ha traído a esta situación. Es lo normal si queremos aplicar las mismas recetas que no vienen funcionando (¡en gerundio!).

Si queremos respuestas nuevas, habrá que hacer preguntas nuevas.

Si queremos soluciones diferentes habrá que plantear alternativas MUY diferentes, disruptivas y a la vez constructivas, integradoras de verdad. Generadoras de encuentro.

Como impulsor del cambio en cada proyecto, empresa y persona para la que trabajo, entiendo que escribir este post es asumir una cuota parte de responsabilidad y no permanecer indiferente o vivir al margen de este cambio que es imperioso y necesario.

¿Cuáles son las preguntas que haces?

¿Cuál es tu aporte al feedforward?

(*) Durante 2008 y 2009 tuve la responsabilidad de liderar el proyecto de creación e implementación de una escuela de hostelería internacional en Tortosa, Cataluña.

(**) El feedforward es una herramienta de cambio impulsada por el autor Marshall Goldsmith, utilizada como complemento del feedback.

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I’mPossible

la orquesta imposible en TEDXCibeles 2015

Si la vida fuese un libro, ¿en qué capítulo estarías? Esta es la interesante pregunta que nos hizo Nicolas Huchet, uno de los ponentes de TEDxCibeles 2015, días atrás en Madrid, cuyo lema fue #ImPossible: “ideas imposibles que se han hecho realidad gracias a mentes brillantes disruptivas”.

En el caso de Nicolas, su ‘imposible’ se hizo posible cuando luego de diez años de haber perdido parte de su brazo derecho, logró con sólo 1000 euros, fabricarse para si mismo una prótesis de mano robótica, utilizando para ello partes impresas en 3D, hardware y software de código abierto. Algo que en el mercado cuesta unos 27.000 euros.

Creadores de éxitos tecnológicos ‘imposibles’ como el innovador ingeniero ítalo-británico Julian Melchiorri, desarrollador de la tela fotosintética Silk Leaf que absorbe CO2 y produce oxígeno, o la estadounidense Eesha Khare (de 20 años), inventora de una batería que se carga en menos de 30 segundos, es flexible y soporta diez veces más ciclos de carga, o el español Juan Carlos Sebastia (de 21 años) ganador entre cientos de proyectos de un premio mundial de la NASA por el diseño de un casco de astronauta, compartieron su experiencia, visión y reflexión.

También lo hicieron personas con proyectos o experiencias muy diversas pero con el denominador común de tener la etiqueta de improbable, insostenible o absurdo en su punto de partida.

Luego de escuchar todas estas ponencias, la gran cuestión es, ¿cuál es el otro denominador común de estas personas, el que hizo posible lo imposible? ¿Hay un denominador común?

Por supuesto que lo hay. Y no se llama suerte, recursos o conocimiento. Ni siquiera talento.

El ingrediente que está presente en todos y cada uno de los casos tiene un nombre: perseverancia. Lo que la RAE relaciona con mantenerse constante en la prosecución de algo. Firmeza y constancia, especialmente en la actitud. Dedicación y empeño, especialmente en la inversión de esfuerzos.

Un ingrediente que no es ni mucho menos secreto. Detrás de cada historia de éxito de artistas, científicos o hazañas milagrosas como la tragedia de los Andes está la perseverancia.

Ahora bien, ¿de dónde proviene? ¿qué es lo que la ocasiona?

Para la respuesta, seguramente nos ayude a pensar que la perseverancia es una elección, y como tal, tiene su base en querer algo, en forma más o menos consciente. QUERER, en mayúsculas y negrita.

Es decir, la perseverancia está accionada fundamentalmente por la palanca del amor, en su sentido más amplio, la del deseo de ir hacia ‘ese lugar’ que muchas veces llamamos visión, tanto en el plano personal como empresarial.

Esa palanca genera dos elementos fundamentales para alimentar la perseverancia, mencionados por buena parte de estos ponentes: confianza y voluntad. Confianza que muchas veces se transforma en fe –creer sin ver-, ya que el resultado final en su caso era muy poco probable o al menos incierto. Voluntad, para poder transformar el “no lo puedes hacer” en “hagámoslo”.

Obviamente en la perseverancia influyen factores relacionados con la personalidad e incluso con la cultura, de los cuales resaltaría dos que a menudo se confunden: resistencia y resiliencia, conceptos que provienen de la Física Clásica.

La resistencia es la capacidad de los materiales sólidos para soportar tensiones sin alterarse. La resiliencia, por su parte, alude a la capacidad de los materiales para recuperar su forma luego de una deformación.

En otras palabras, para mantener, sostener la perseverancia, hará falta tanto el sobrellevar y aguantar ‘los golpes’, así como recuperarse y sobreponerse a los mismos. No tirar la toalla.

No sólo no tirarla cuando fracasemos, sino –y especialmente- cuando triunfemos. He ahí el verdadero espíritu perseverante: el que no se duerme en los laureles.

Irónicamente, el éxito puede representar un golpe del que no nos levantemos, algo que en el mundo artístico tiene su mote: ‘one hit wonder’ (maravilla de un solo éxito), designado para aquellos artistas que se consagraron con una canción pero que luego cayeron en el olvido.

En este sentido, nada más alejado de los exponentes del TEDxCibeles 2015, ya que han demostrado ser perseverantes a pesar de su éxito.

Para muestra, la breve conversación que mantuve con Juan Carlos Sebastia en una de las pausas. Ante mi pregunta sobre qué había pasado después de haber ganado el premio de la NASA me contesta muy someramente: “Bueno… este año nos hemos presentado también, con otro proyecto”. ¿Ah, si? ¿Y cómo ha ido? Pregunté con incredulidad. “Bueno… hemos quedado segundos”.

Queda claro: Juan Carlos no solo es insultantemente joven, sino maravillosamente bueno. Y perseverante.

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‘Cinco años no es nada…’

Fernando Notaro Weblog_5 años no es nada

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi el sistema operativo Windows 3.1 y sobre todo lo que pensé (y dije): “ni loco voy a usar esto, me parece un rollo lo de las ventanas y los iconitos, quiero seguir usando ‘mi’ MS-DOS”.

Seguro que te suena familiar…

Pocos ejemplos deben de ser tan elocuentes como los de la informática y la tecnología acerca de cómo algo muy útil, funcional –y sobre todo conocido- es cambiado, dejando incluso en ridículo y haciendo olvidar a lo anterior.

Lo que no nos damos cuenta es que lo anterior sigue ‘estando allí’, sólo que ya lo hemos incorporado, ha sido partícipe de la raíz, forma parte de lo actual y por lo tanto está presente aunque no lo veamos ni nos acordemos.

Muchas veces me preguntan qué ha pasado con mi carrera como economista y qué ha sucedido con mi actividad musical, dónde quedaron. Ambas están y son parte de lo que soy, personal y profesionalmente. Diría más: todos los conocimientos, experiencias, empresas, escenarios y kilómetros recorridos están en cada una de mis palabras y actos. En cada aportación de valor.

Simplemente: mi aportación de valor se ha ido transformando.

Al igual que con el MS-DOS, es (¡en presente!) necesario actualizar, adecuar, mejorar esa aportación de valor a un mundo que se transforma y requiere de una evolución profunda especialmente en un aspecto: nosotros. Las personas.

En cada uno de estos cinco años como profesional independiente he aportado mi mejor valor poniendo el foco en las personas, sus interacciones, objetivos y anhelos. En definitiva, en sus propias transformaciones y las de sus empresas, individuales o colectivas.

Transformaciones que se traducen en más de 1.100 horas de coaching certificadas, 225 personas en programas de recolocación o emprendimiento, cientos de horas de formación impartida; programas de desarrollo, assessment y development centers, management audits, 360º…; para una cincuentena de empresas u organizaciones, privadas y también públicas.

Cinco años que han ido en paralelo a este Weblog: casi 100 posts publicados, 400 comentarios recibidos y unos 200 suscriptores!

Por todo ello, no puedo menos que agradecer a cada una de las personas que han generado estos logros, en cada una de las interacciones, acciones e intervenciones. Porque gracias a ellas yo también he forjado mi propia transformación, mi propio crecimiento. Profesional y personal.

Para celebrar estos cinco años, en este post quiero materializar ese agradecimiento a través de las dos formas de comunicación que prefiero ejercer: la música y la palabra.

Para la primera, dejo una grabación que hice de una de las obras más conocida -y maravillosa- de Claude Debussy, precisamente uno de los compositores más transformadores que ha habido, en ese tránsito del siglo XIX al XX tan removedor. La grabación está sin masterizar, así que sube un poco el volumen.

Esta es mi versión de Clair de LuneSuite Bergamasque_Debussy_by FNotaro

Para lo segundo, dejo como síntesis de estos cinco años de blog, una selección de cinco posts que resumen en buena medida mi intención al crearlo:

* El silencio y el callar

* El poder de ‘Va, pensiero’

* Cien/Cero

* Liderando violetas

* Benedetti 5.1

Y uno adicional, que siempre viene bien en estas fechas: Y por siempre vivirán

Espero que ambos obsequios te gusten y te inspiren.

Mi anhelo es que el 2015 siga siendo un año de transformación. Para todos. Para bien.

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