Volver

Empezar un año es también un volver a empezar. Es un reseteo. O al menos debiera serlo, sobre todo en aquellos temas que no van bien, no avanzan, están bloqueados. Como cuando el informático de turno te dice “apaga y reinicia la máquina” y efectivamente muchas veces el problema se soluciona. Es una oportunidad.

Lo fácil es decir que es una oportunidad para el cambio, de hábitos, conductas, incluso de relaciones o de trabajo. Y ya sabemos que esos cambios no solo no son sencillos de alcanzar, sino que aún comenzándolos, es muy probable que se diluyan en el día a día y queden en meras intenciones.

Por eso para mi la palabra “volver”, en este punto de excusa calendaria, me parece trascendente, especialmente desde un punto de vista: volver a las raíces, volver a la esencia, volver a quienes realmente somos. Ni más ni menos.

¿Y qué significa eso? Básicamente, mirar hacia dentro.

Re-descubrirnos, observarnos, hacer emerger lo que pasa dentro nuestro. Reflexionar sobre las conversaciones que tenemos con nosotros mismos, revisar ‘las verdades’ que nos decimos. Poner en tela de juicio las suposiciones que van guiando nuestros comportamientos y especialmente nuestros hábitos.

En definitiva: volver la atención hacia nosotros mismos y hacia nuestra identidad.

Sabemos que a nivel fundamental toda nuestra conducta está regida por las dos fuerzas básicas de evitar el dolor y la búsqueda de placer, algo marcado por el condicionamiento inconsciente de supervivencia, de auto-conservación heredado de las necesidades del hombre primitivo.

La cuestión es, ahora que no tenemos necesidad de ‘sobrevivir’, ¿qué es lo que estamos preservando?

Yo diría que en general estamos orientados a preservar una identidad, y digo especialmente “una”: aquella que hemos construido para encajar en las expectativas de los demás, a que nos aprueben, a alcanzar el éxito de acuerdo a lo que se espera de nosotros.

En otras palabras, eludimos y tendremos aversión a aquellas cosas que nos generan dolor, dificultades o minan nuestra identidad. Por ejemplo cuando recibimos un feedback que entra en conflicto o es incompatible con nuestra cómoda visión de cómo somos; o cuando rehuimos dejar ese trabajo que “encaja” con nuestro perfil profesional pero que a nosotros no nos satisface plenamente.

A su vez, nos gustará y estaremos apegados a las cosas –y personas- que validan, aprueban o elogian esa identidad que hemos construido en el mundo. Por ejemplo cuando alcanzamos los objetivos empresariales, o cuando promocionamos, o cuando los demás reconocen cualidades positivas en un test de 360º. Y a nivel relacional, nos encantará todo aquello que reafirme y conserve ese ‘cómo soy’ visto por los demás.

Nuestros comportamientos están guiados esencialmente para mantener en su sitio a esa identidad.

La cuestión es si esa identidad es realmente la propia, la auténtica que honra nuestra esencia, la que está vinculada a nuestra plenitud, a nuestro propósito y por qué no a nuestra verdadera contribución.

La invitación por tanto es clara: volver. Es volver a uno mismo.

Algunas claves que contribuirán a ello:

* Reúnete contigo mismo. Si lo haces todo el tiempo con los demás, ¿qué te impide destinar unos minutos a ‘reunirte’ -estar solo- contigo?

* Ponte como prioridad. No se trata de egoísmo, se trata de no postergarte, porque al final si no lo haces, más tarde o más temprano te pasará factura.

* Auto-obsérvate. Especialmente cuando quieras modificar un comportamiento. Obtendrás más información que estará a tu disposición para evaluarte y también para poder tomar decisiones. Cuanto más desarrolles esta habilidad más percibirás las sutilezas de tus aversiones y tus apegos.

* Sé consciente. A diferencia de la auto-observación que es en general retrospectiva, tomar consciencia es comprender, es dar a luz un pensamiento, es aflorar lo que está sucediendo. El darse cuenta es la poderosa experiencia de descubrir. Y nos otorga el súper-poder de elegir.

* Elige. Decide qué hacer con lo que has tomado consciencia, teniendo en cuenta especialmente que hay algo que siempre puedes elegir: tu actitud. En cualquier circunstancia lo que sí puedes optar es qué hacer con esa circunstancia, aunque no sea fácil.

* Practica. Nuestros hábitos se convirtieron en hábitos precisamente porque los practicamos una y otra vez, hasta que ya no tuvimos que pensar en ellos. La opción que hayamos elegido hay que ponerla en práctica y ello solo se logra a base de repetición. Vencer la inercia requiere también de una dosis de fe, por supuesto, con la voluntad y la toma de consciencia no siempre alcanza.

* Utiliza tus capacidades. Nuestras fortalezas son brindadas y aprovechadas en general para los demás pero no para nosotros mismos. Ponlas a tu servicio.

Vuelve. Vuelve a ti.

Feliz reencuentro.

Y muy feliz 2018!

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Liderazgo de Año Nuevo

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Ver y oír el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, no sólo es una inyección de energía disfrutable a través de valses, polkas, marchas y piezas inmejorablemente interpretadas, sino el poder presenciar también toda una lección de liderazgo. Del de verdad.

Este año la dirección de la orquesta estuvo a cargo de Gustavo Dudamel, que con sus 35 años se ha convertido en el director más joven en la historia de este concierto.

Ver a Dudamel, como a casi todo buen director de orquesta, es descubrir todos los elementos/ingredientes/recetas del management más actual sintetizados en un maravilloso ejemplo.

¿Qué hace un director de orquesta? Para comenzar, trabaja mucho y muy duro en los meses previos al concierto, no solo conociendo en profundidad la materia que va a tratar –las partituras que van a ejecutar-, sino conociendo también al equipo que va a dirigir.

En ese trabajo previo, para lograr Dudamel este resultado:

* Ha sabido armonizar el talento de su equipo, integrando las diferencias de cada instrumentista para sacar el mayor provecho del conjunto.

* Ha transmitido la visión -la música- que quiere lograr. Y para ello ha consensuado con los que van a llevar adelante la ejecución, los objetivos y la estrategia: ha establecido junto a sus músicos durante el trabajo de ensayos, el resultado deseado, los tempos, las pausas, las inflexiones necesarias, la expresión final.

* Ha co-liderado: es decir, ha hecho sentir a cada miembro de su equipo la importancia y el rol que ocupa cada uno, no solo en las partes solistas, sino con el resto de la orquesta que sustenta la base y da los matices necesarios para que esos solistas destaquen.

* Y para todo ello muy probablemente Dudamel ha tenido la cualidad principal que tiene que tener un dirigente: ha sabido escuchar y les ha transmitido en una forma eficaz las indicaciones necesarias.

En definitiva: Dudamel ha hecho una retroalimentación de la propia energía proveniente de la orquesta, su equipo. Ha sido su reflejo.

¿Qué sucede durante el concierto, en el momento de la ejecución, de qué se encarga? Hay algo que aunque evidente, es necesario destacar y es lo que no hace: el Director no toca ni una sola nota de ningún instrumento. Para ello tiene a los mejores instrumentistas, verdaderos especialistas que vienen con la partitura aprendida y la capacidad y la motivación adecuadas, lograda esta última en buena medida a través de todo el trabajo conjunto previo. Tocan bien y con ganas.

La labor del Director durante el concierto es más que nada de apoyo, en dos áreas principalmente: marcar los tiempos (velocidad, ritmo, señalar entradas, finales..) y guiar la expresión (volumen, intensidad, crescendos, diminuendos,..).

En otras palabras, los que ejecutan la obra son acompañados por el director, quien les sirve como referencia, como faro, en los aspectos –en este caso tiempo y expresión- más importantes para su labor.

Es muy interesante apreciar cómo hace el Director este acompañamiento. Uno podría pensar que fundamentalmente con la batuta, pero lo cierto es que ni siquiera es necesaria. Si bien es verdad que la batuta le ayuda para marcar y llevar el tiempo, son sus manos, brazos, expresiones faciales y corporales sus verdaderos instrumentos de trabajo.

Cada mirada, cada gesto será importante para un objetivo principal: aunar la interpretación, la ejecución de todos los integrantes y que suene como una única obra, como un único “instrumento”.

Para lograrlo el Director está muy presente, muy atento al conjunto y a su resultado y a su vez atento a las individualidades en los momentos que es necesario.

En cada concierto de Año Nuevo se tocan en buena parte las mismas obras, sin embargo las interpretaciones cambian. Las notas son las mismas, la música final no es exactamente la misma. Podríamos decir sin duda que la personalidad del Director es también su herramienta de liderazgo.

El Concierto de Año Nuevo puede gustar más o menos.

La música sinfónica puede interesarte o no.

Ahora bien, si te ocupa ser un mejor líder, además de leer libros o asistir a cursos, mi recomendación es oír y ver más música sinfónica. Aunque sea por la tele.

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‘Cinco años no es nada…’

Fernando Notaro Weblog_5 años no es nada

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi el sistema operativo Windows 3.1 y sobre todo lo que pensé (y dije): “ni loco voy a usar esto, me parece un rollo lo de las ventanas y los iconitos, quiero seguir usando ‘mi’ MS-DOS”.

Seguro que te suena familiar…

Pocos ejemplos deben de ser tan elocuentes como los de la informática y la tecnología acerca de cómo algo muy útil, funcional –y sobre todo conocido- es cambiado, dejando incluso en ridículo y haciendo olvidar a lo anterior.

Lo que no nos damos cuenta es que lo anterior sigue ‘estando allí’, sólo que ya lo hemos incorporado, ha sido partícipe de la raíz, forma parte de lo actual y por lo tanto está presente aunque no lo veamos ni nos acordemos.

Muchas veces me preguntan qué ha pasado con mi carrera como economista y qué ha sucedido con mi actividad musical, dónde quedaron. Ambas están y son parte de lo que soy, personal y profesionalmente. Diría más: todos los conocimientos, experiencias, empresas, escenarios y kilómetros recorridos están en cada una de mis palabras y actos. En cada aportación de valor.

Simplemente: mi aportación de valor se ha ido transformando.

Al igual que con el MS-DOS, es (¡en presente!) necesario actualizar, adecuar, mejorar esa aportación de valor a un mundo que se transforma y requiere de una evolución profunda especialmente en un aspecto: nosotros. Las personas.

En cada uno de estos cinco años como profesional independiente he aportado mi mejor valor poniendo el foco en las personas, sus interacciones, objetivos y anhelos. En definitiva, en sus propias transformaciones y las de sus empresas, individuales o colectivas.

Transformaciones que se traducen en más de 1.100 horas de coaching certificadas, 225 personas en programas de recolocación o emprendimiento, cientos de horas de formación impartida; programas de desarrollo, assessment y development centers, management audits, 360º…; para una cincuentena de empresas u organizaciones, privadas y también públicas.

Cinco años que han ido en paralelo a este Weblog: casi 100 posts publicados, 400 comentarios recibidos y unos 200 suscriptores!

Por todo ello, no puedo menos que agradecer a cada una de las personas que han generado estos logros, en cada una de las interacciones, acciones e intervenciones. Porque gracias a ellas yo también he forjado mi propia transformación, mi propio crecimiento. Profesional y personal.

Para celebrar estos cinco años, en este post quiero materializar ese agradecimiento a través de las dos formas de comunicación que prefiero ejercer: la música y la palabra.

Para la primera, dejo una grabación que hice de una de las obras más conocida -y maravillosa- de Claude Debussy, precisamente uno de los compositores más transformadores que ha habido, en ese tránsito del siglo XIX al XX tan removedor. La grabación está sin masterizar, así que sube un poco el volumen.

Esta es mi versión de Clair de LuneSuite Bergamasque_Debussy_by FNotaro

Para lo segundo, dejo como síntesis de estos cinco años de blog, una selección de cinco posts que resumen en buena medida mi intención al crearlo:

* El silencio y el callar

* El poder de ‘Va, pensiero’

* Cien/Cero

* Liderando violetas

* Benedetti 5.1

Y uno adicional, que siempre viene bien en estas fechas: Y por siempre vivirán

Espero que ambos obsequios te gusten y te inspiren.

Mi anhelo es que el 2015 siga siendo un año de transformación. Para todos. Para bien.

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